Cómicos en el PRI de Tamaulipas

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Antonio Arratia Tirado

Ciudad Victoria, Tamaulipas.- Nada hay más cómico en este trágico país que escuchar y ver a los priistas acusándose mutuamente de corruptos e inmorales.
Como si su larga experiencia en la materia fuera motivo de discusión.
El comal le dijo a la olla, sería un título excelente para la comedia o la película de vodevil que los aspirantes a dirigir el PRI de Tamaulipas están protagonizando.
Pero si les faltara un título más ajustado a su altísimo nivel de debate, quizás les acomodaría el siguiente:
“Mira quién me dice prostituta… la de los zapatotes”.
Después de la repasada que les diera el PAN con Francisco García Cabeza de Vaca al frente (real o inducida), se suponía que el PRI vendría por la revancha, pero por lo que se ve y se siente, la presunta pelea entre Oscar Luebbert, Sergio Guajardo y Alejandro Guevara no es más que una lucha fratricida entre los cárteles políticos al interior del PRI.
Más claramente, la lucha por el dinero, venga de donde venga.
Lo cierto es que los tres aspirantes ya han enseñado los calzones más allá de lo que convenientemente permitiría una dama pudibunda. Algo que sería anecdótico si esa lucha no amenazara con enconar aún más los estamentos locales y regionales que mantienen a los tamaulipecos con el Jesús en la boca.
Sus titiriteros son hombres de horca y cuchillo, están cebados y ya dieron muestras claras de que son capaces de todo por llevarse el dinero que no les pertenece. Cueste lo que cueste y duélale a quien le duela.
Los hombres de Eugenio Hernández y de Egidio Torre Cantú no se han ido, pero hoy por hoy su perniciosa presencia está más cerca que nunca y lleva por nombre Sergio Guajardo Maldonado.
Ya atacan desde varios frentes, pero en donde más problemas causan es en la alcaldía de Victoria, tomada como rehén por César García Coronado para saciar sus más enfermizos apetitos.
Además de la de Victoria, otras alcaldías de Tamaulipas e incluso delegaciones federales (como el IMSS) se han convertido en reducto y albergue de un ejército de egidistas y geñistas que empiezan a pertrecharse para pelear por mantenerse en el “nuevo” PRI, que en realidad no les es ajeno pues les pertenece desde los cimientos.
Ese abigarrado grupo ve en Oscar Luebbert un peligro real, pues de ganarles la dirigencia tendrían que decir adiós a sueños, proyectos, negocios y dinero.
Por eso lo han atacado por medio de Sergio Guajardo Maldonado, un alfil sin punch que aparece frágil y endeble ante el crecimiento de los enanos.
Irónicamente, el mayor enemigo de Oscar Luebbert se llama Oscar Luebbert, que representa lo más pernicioso de la política tamaulipeca.
Si hubiera ética y congruencia en él, habría optado mejor por seguir en sus lucrativos negocios (lícitos o ilícitos) y dejar que el PRI de Tamaulipas muera sin su ayuda, que es lo mismo que podría pasar si él arriba a la dirigencia.
De Alejandro Guevara Cobos no hay mucho qué decir, salvo que ha vivido colgado de padrinos de nombres confesables e inconfesables, que ningún arraigo tienen y nada dejan a Tamaulipas.
Es alfombra para ser pisada por su protector en turno y amante del agandalle de las medallas ajenas.

Sin embargo, también hay que decirlo, eso en el PRI cuenta… y cuenta mucho.
Por eso lo mejor es esperar a ver el desenlace del pleito a pellizcones y trompadas entre tres agraciados hombres que ante un desgraciado pueblo protagonizan la amena tragicomedia llamada “Mira quién me dice prostituta… la de los zapatotes”.

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