Debilidad y corrupción

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Nuevo Laredo, Tamaulipas.- Sin la existencia del Internet y las redes sociales, hubiera resultado imposible percibir y comprobar la existencia del grupo delictivo más peligroso y destructivo que opera en nuestro país. En este caso, se trata del Cártel de los Gobernadores y Exgobernadores de México, cuyo comando central desde el año 2,000 se asentó en la residencia presidencial de Los Pinos.

La inmunidad que han gozado los gobernadores desde que terminó la revolución mexicana, propició el peculado que se desbordó en el enriquecimiento ilícito del mando nacional fraccionado en los estados de la república, beneficiando por sobre todos al presidente de México en turno.

Sin embargo el sistema político de partidos impuesto perversamente en territorio nacional, llevó a la clase política hacia diversas pugnas que derivaron en denuncias unos contra otros, hasta concretar el encarcelamiento de los políticos más débiles y repudiados.

Este sistema político de partidos pudo convertirse en eterno, de no ser por la concepción en su seno de los cárteles del narcotráfico fortalecidos al amparo de los propios gobiernos estatales. El ansia de dinero llegó a tales extremos a partir del año 2,000 con Vicente Fox como presidente de México, que los mandatarios en los estados se aliaron con los capos, sacrificando el respeto a los derechos humanos al permitir los secuestros y la extorsión como formas de obtener más riqueza.

Obviamente, la presión social al interior de nuestro país y en el extranjero, se empezó a hacer insoportable para las cúspides de la clase política mexicana. El remedio inmediato fue exhibir mediante la destitución a los peores gobernadores, saliendo a relucir de paso sus nexos con diversos grupos de la delincuencia organizada.

Los primeros escarmientos no fueron suficientes, pues el lodazal de la corrupción era inocultable, hasta llegar a los escandalosos casos de actualidad escenificados por Tomás Yarrington Ruvalcaba y Javier Duarte de Ochoa, ex gobernadores de Tamaulipas y Veracruz respectivamente.

Ahora ya nadie lo puede poner en duda. El Cártel de los Gobernadores y Exgobernadores de México es un hecho irrefutable por evidente. Seguramente habrá excepciones en algunas de las 32 entidades federativas, pero éstas resultan casi imposibles de hacerse notar, a causa de la abrumadora violencia que tiñe de sangre a nuestra nación.

Lo peor de todo este pandemónium nacional es que no se observa ningún remedio a la vista, debido a que el centro de mando del fortísimo cártel delictivo está ubicado en la sede del Poder Ejecutivo Federal, con ramificaciones en el Congreso de la Unión y la Suprema Corte de Justicia de la Nación. ¿O no?

EL AUTOGOBIERNO EN LOS PENALES

La debilidad del gobierno mexicano emanada por la existencia del Cártel de Gobernadores y Exgobernadores de México, se hace notoria en los penales estatales y federales, en donde el autogobierno es ejercido por los reos, los más peligrosos por añadidura.

Es tan gigantesco el desgobierno y la corrupción institucional en nuestro país, que las autoridades no tienen fuerza pública ni para imponer el orden y las leyes al interior de los centros de reclusión.

Mencionar a cualquier penal como “Centro de Rehabilitación Social”, es una imperdonable burla contra los habitantes de México.

Mientras los penales sigan en poder de los presos, esos centros de reclusión continuarán perfeccionándose como auténticas universidades del crimen que actualmente son, con irreparables daños contra la sociedad mexicana, incluyendo a los mismos internos y sus familias.

Desafortunadamente no se aprecian soluciones inmediatas, sino todo lo contrario.

PD.- Desde este espacio le enviamos un saludo y reconocimiento a los administradores del portal Horizonte Matamoros, periódico digital que es un ejemplo para la libertad de expresión en Tamaulipas.

Por hoy es todo, pero mañana estaremos nuevamente en estos espacios de las redes sociales, Dios mediante.