México, generación de inútiles

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Antonio Arratia Tirado

Cd. Victoria, Tamaulipas.- Entreguemos a la sociedad mexicana un teléfono celular, el control de la televisión, un balón de futbol y proveámosla de una generación de políticos inútiles y el resultado es, precisamente, este que estamos viendo: la decadencia total.

Sustituidas las palabras, las ideas y la inteligencia por la inmediatez, la comodidad y el anonimato del feis y los tuits, la sociedad se apoltronó en su mejor sillón y se hundió en un profundo letargo. Tarde se dio cuenta que el monstruo ya estaba ahí y la zona de confort le había minado toda capacidad defensiva.

Habiendo salido de su ensueño, esa sociedad despolitizada se encontró con una fauna de mirreyes enquistada en todos los puestos clave: presidencia de la república, gubernaturas, diputados, senadores, presidentes de partidos, magistrados y un largo etcétera.

Inculta políticamente, la sociedad se percibió sola y abandonada y entones supo que solo había de dos sopas: confrontar a los corruptos, frívolos, megalómanos y tiranos mirreyes, o ya de plano pelearse consigo misma y morderse su propia cola, hasta acabar devastada y devorada por sus propios pecados capitales.

Por tradición -como la bestia que se alimenta de sus propias crías-, la sociedad mexicana termina siempre por ser dominada por la decadencia de las élites políticas y económicas y acaba también siempre por convertirse en un reflejo del tirano que la oprime: deviene en esperpento y promueve el clasismo para condenar abajo lo que condenar arriba le está prohibido por el mirrey de sus amores perros.

¿Qué un alumno disparó contra sus compañeros y su maestra en un colegio privado de Monterrey?

-Así son los ricos, están bien pinches locos -dijo a botepronto un segmento  de la sociedad, que por supuesto está muy lejos de ser favorecido por la fortuna económica.

-Quién sabe dónde andarán los padres de ese muchachito -condenaron otros, desde el casino o de un salón de belleza, perdidos en su propia liviandad.

-Pinche Peña Nieto, ese cabrón es el culpable de todo lo que pasa en México -elucubraron algunos, amantes de la teoría de la conspiración.

-Pinches periodistas, ya no les está pagando El Bronco, por eso andan de amarillistas -vomitó el segmento económico favorecido de Monterrey, e incluso de Tamaulipas.

Y así por el estilo, la propia sociedad linchándose a sí misma, limitando sus posibilidades, echando montón al que piense diferente, enterrando la cabeza en el hoyo y dejando al aire sus pudibundas partes para el avasallamiento inmisericorde de los mirreyes en turno.

Nada cambia.

Que sigan las reformas estructurales y que sigan los muertos.

Que sigan diciendo que los mexicanos somos chingones e ingeniosos para los memes.

Que la sociedad siga consumiendo chatarra como los XV de Rubí, esperpentos como Lady Wuuu y trampas para engañabobos como en el Correcaminos.

La actual es una gran parodia de la sociedad mexicana posando para la selfie y clamando: Señor presidente… ¡Pégueme pero no me deje!

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