El muerto (77ª parte)

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Por.-Rigoberto Hernández Guevara

Ciudad Victoria, Tamaulipas.- La gente de Jacinto Napoleón presumía de vara alta con el candidato y lo destacaban en sus extorsiones y secuestros.

Otra cosa era el paso de la droga y su distribución, que no era muy importante para Jacinto puesto que nunca reconoció el terreno y las células delictivas que encontró al llegar no se lo permitieron. Realmente Jacinto era el jefe de la plaza por un acuerdo local con los del centro. Y eso era lo fantasioso.

Con tiempo, diversos grupos locales se habían conformado para hacer frente a lo que les mandaran para combatirlos, puesto que los soldados no podían actuar en sus terrenos.

Siendo así el candidato creía hacer campaña de modo seguro animado por la gente de Jacinto que lo cuidaba con bastante aptitud.

Para ese entonces habíamos crecido lo suficiente y una vez que nos posesionamos de las tienditas y del centro de readaptación, simplemente que dijeran misa, no los soltamos.

En las calles Jacinto no pasaba de un vulgar delincuente. La banda, la consumidora de drogas,  comenzaba a buscarnos, pues cada vez más diezmado Jacinto no tenía recursos así como para igualar nuestro producto y las cantidades que manejábamos.

Claro que me interesaba dialogar con Pablo Martínez, pero eso no se iba a dar, toda vez que el mismo nos hacía menos.

Tal vez el candidato pensaba que ya en el poder podía extinguirnos con el apoyo de las policías.

Pero el Doctor, como también se le conocía a Pablo, necesitaba empezar hablar con sus propias palabras y no con las del gobernador saliente y eso estaba por verse.

Algunos carteles ya se habían acercado a Pablo con bastante éxito, sobre todo los de la frontera. En la capital las cosas seguían igual de tensas. El mismo gobernador promovía el ajuste de cuentas y la encomienda de liquidar a Jacinto era solo una de ellas.

Recuerdo que cuando inició su sexenio, una vez que el gobernador ordenó el asesinato de uno, comenzó su ola de crímenes con cuanto candidato opositor y real enemigo en la grilla se le pusiera enfrente.

Se usaba a las fuerzas policíacas para el efecto. En muchos casos ellos, los de las fuerzas policíacas, se encargaban de una extorsión y luego de hacerle cargos a un inocente atrapado en otras condiciones, ¿quién les podría llevar la contraria?

Y esas circunstancias eran las que me cagaban el palo. El asesinato y las injusticias contra el pueblo que no les había pedido que vinieran. Un pueblo solo, cuyos habitantes abandonados a su suerte eran simples zombis ante las ofensas y el robo descarado del gobierno.

CONTINUARÁ.

HASTA LA PRÓXIMA.