A Tamaulipas se lo puede llevar el diablo

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Antonio Arratia Tirado

Cd. Victoria, Tamaulipas.- El gobernador Francisco García Cabeza de Vaca ya abandonó esa enigmática sonrisa que le caracterizó durante las primeras semanas de su mandato.

Hoy, difuminado ese veleidoso placer que aportan los votos a favor, el gobernador de Tamaulipas es un hombre atrapado entre el querer hacer y el poder hacerlo.

Ha demostrado que no se arredra, pero está en una encrucijada.

Irónicamente, el primer gobernante que en México ha encauzado la lucha contra la delincuencia usando la estrategia correcta, ha empezado a ser avasallado por una realidad abrumadora.

Otra vez, como siempre, no es lo mismo adentro que afuera.

Francisco García Cabeza de Vaca es administrador de empresas y mercadólogo, por lo que al final del camino, pase lo que pase, no podrá decirse engañado.

Si administra mal, será su culpa.

Si no sabe vender, también.

Las cosas como son: un gobernante irá al fracaso si no tiene un gabinete confiable, y evidentemente, Cabeza de Vaca no lo tiene.

Tiene, sí, un equipo reducido de amigos que fueron, son y le serán leales siempre, porque se la han jugado con él en las buenas y en las malas. No lo dejaron solo ni siquiera cuando fue víctima de descarnadas campañas de golpeteo y difamación, ordenadas primero por Eugenio Hernández Flores y luego por Egidio Torre Cantú.

Luego entonces, ese pequeño grupo que gravita en torno suyo no es el problema. Pero no se puede decir lo mismo de varios secretarios y secretarias del gabinete que, como vulgares depredadores, se vaciaron los botes de perfume en la escafandra y se lanzaron al fango donde Egidio Torre Cantú se enseñó a nadar con grado de excelencia.

Vendieron la idea de que buscaban y buscaban pruebas para demostrar que el que se iba era un consumado ladrón y que muy pronto estaría en la cárcel.

Algo pasó en el camino, pero lo que en realidad hicieron esos buzos de lodazal fue lastimar a miles de trabajadores que, con la esperanza de un cambio de vida, ayudaron con votos e información a Francisco García Cabeza de Vaca a echar a patadas a una soberbia casta de vividores encabezados por Egidio Torre Cantú y compañía.

Ironías de la vida: hoy, García Cabeza de Vaca vive con el Jesús en la boca y rodeado de traidores y traidoras, mientras que Torre Cantú, ese judas que vendió a su hermano y nada sabía de política vive feliz y contento, disfrutando de un extraño indulto oficial.

No solo eso, se ha adueñado de lo que queda del PRI y, como los animales, sigue marcando su territorio con ese fétido olor que también se alcanza a percibir en el Congreso del Estado y en algunas alcaldías de Tamaulipas.

Por supuesto que Francisco García Cabeza de Vaca no debe ignorar -dicen que pronto tomará decisiones- las nauseabundas actividades mercantiles que se hacen en las secretarías de Finanzas y de Administración, pero sobre todo la criminal inacción de dos mujeres que evidentemente son las que usan los pantalones en la Secretaría General de Gobierno.

Asimismo, un buen observador no debe pasar por alto algo que ya es evidente: García Cabeza de Vaca se esfuerza por gobernar con atingencia, pero hay evidencias de que otros lo quieren descarrilar para que termine siendo devorado por los leones, esos mismos leones que atiborraron las urnas para hacerlo ganar la gubernatura.

Sí, ese encono contra Egidio Torre del cual se ayudó para ganar empezó a revertirse, simple y sencillamente porque permitió que algunos secretarios y secretarias de su gabinete devinieran en rencorosas hordas ávidas de venganza y de hacer negocios al amparo del poder.

Hombre avezado en la cosa política, Cabeza de Vaca ya habrá percibido que empieza a luchar solo, precisamente ahora cuando intenta hacer lo que nadie en México se había atrevido, ni siquiera un Presidente: atacar las fuentes de financiamiento de la delincuencia organizada.

Solo él sabrá si el gobierno federal le meterá el hombro en esa lucha, porque lo que es aquí ese conglomerado enclenque y acomodaticio que es en realidad la sociedad seguramente volteará a ver hacia otro lado.

Los enemigos lo saben.

Y ya están aquí.

Sabemos que ya está enterado y, si no ha empezado ya, empezará pronto a llamar a cuentas a algunos alcaldes que están sirviendo de cabezas de playa para enderezar los misiles de gran calado contra el gobierno de Tamaulipas. Por lo pronto los proyectiles han sido de pequeño calibre, pero son tantos que empezaron a hacer mella.

Lo inaudito es que, algunos de esos alcaldes, ¡son del PAN!.

La gente de Cabeza de Vaca alzó la ceja cuando se percató de que no solo los alcaldes priistas albergan en sus nóminas de proveedores a las huestes de Guillermo Martínez García -vocero y alcahuete de Egidio Torre Cantú-, sino también los panistas.

Por lo pronto, los alcaldes de Nuevo Laredo, Reynosa y Madero tienen mucho qué explicar, porque es ahí donde fueron detectados los más feroces enemigos de Cabeza de Vaca, aunque a la vista de todos se la pasan ronroneando en Palacio de Gobierno en busca de obtener el perdón eterno.

Sospechosamente, a partir de que el cielo se le empezó a nublar a Cabeza de Vaca, los medios que siempre han sido apoyados con financiamiento “externo” empezaron a salir de la crisis económica que los mantenía estáticos.

El PRI de Tamaulipas, el IMSS, la SCT de San Luis Potosí y algunos priistas agradecidos como Edgar Melhem Salinas empezaron a inyectar recursos para el sostenimiento de esos medios que, debe admitirse, necesitan dinero para pagar a sus trabajadores.

Pero también están disparando Gustavo Cárdenas Gutiérrez y Carlos Canturosas Villarreal, éste aún con la idea utópica que le vendiera su pareja política perredista Jorge Valdez Vargas, en el sentido de que algún  día puede llegar a ser Presidente de México.

Sí, es de locos.

Pero a veces los locos con dinero sucio son muy peligrosos.

Esa y no otra es la realidad que enfrenta el gobernador de Tamaulipas. Traidores adentro y tiradores afuera.

Y solo le queda un menú de dos sopas: o corre a mucha basura perfumada que le estorba y llama a una gran reconciliación popular, o se queda estático a esperar el veredicto de la historia.

La ecuación es simple: o va de la mano de los tamaulipecos en busca de la posibilidad de convertirse en un estadista, o cede al canto de las sirenas y se acomoda a la diestra de lo peor que le ha pasado a la entidad, algo siniestro que lleva por nombre Egidio Torre Cantú que, evidentemente, no la está pasando nada mal.

LA DEL ESTRIBO…

Si en la calle o en algún café ven a Felipe Garza Narváez con una amplia sonrisa en el rostro, es porque al parecer los astros se le empiezan a alinear.

Pero mejor que él se los cuente…

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