El de Ciudad Victoria, moderno penal ayer pero hoy viejo y obsoleto

0
2210

Por Felipe Martínez Chávez

 Cd. Victoria, Tamaulipas.– El penal de Tamatán fue construido por el régimen militar de Raúl Gárate Legleu. Lo inauguró a finales de 1950 y entró en servicio antes que él entregara el poder a comienzos del 51. 

Alejado de la ciudad, vino a sustituir a la vieja penitenciaría que se encontraba en la manzana del 8 y 9 Matamoros (hoy Rectoría de la UAT), que el Gobierno del Estado fraccionó y puso en venta.

En 1949, el entonces Gobernador Gárate mencionaba en su informe anual rendido ante el Congreso del Estado: 

-La penitenciaría del Estado ha cumplido satisfactoriamente con los fines que le asignaron nuestras Leyes. A pesar de la pobreza de nuestro edificio penitenciario, no obstante que todas las circunstancias materiales son adversas a la regeneración y a la corrección del delincuente, hemos podido comprobar con verdadero júbilo que en Tamaulipas la delincuencia ha disminuido a tal grado que, en la actualidad, únicamente 227 reos se encuentran recluidos en la prisión estatal, de los cuales diez son federales y solo 162 cumplen sentencias ya ejecutoriadas.

Reconoció que el centro penitenciario no estaba cumpliendo con su labor de readaptación social.

-A pesar de nuestro esfuerzo en mejorar las condiciones materiales y morales prevalecientes en la penitenciaría, nuestro régimen penitenciario es defectuoso y de ninguna manera logra la regeneración del delincuente, la corrección de la torcida inclinación al mal que lo impulsó al delito, ni muchos menos que los hombres se reintegren a la vida social convertidos en sujetos útiles a la colectividad.

Anunció la obra:

-Por todo ello hemos propuesto construir en esta capital una moderna penitenciaría en la que el delincuente encuentre clima favorable para su regeneración y enmienda. Es obra de auténtico beneficio social, pues solo con establecimientos adecuados podremos fincar un verdadero régimen penitenciario que beneficiará no únicamente al delincuente, sino de manera preferente a la sociedad entera.

 

Fue  un proyecto del arquitecto Enrique L. Canseco, constructor también del actual Palacio de Gobierno. Las obras se hicieron al mismo tiempo.

En principio fue diseñado para albergar a un promedio de  400 reclusos. Gobiernos posteriores hicieron ampliaciones hasta llegar a una capacidad de mil, que es aproximadamente la población con la que hoy cuenta.

 VENDER LA MANZANA DONDE HOY ESTÁ LA UAT

 Para financiar los gastos de la penitenciaría y nuevo Palacio de Gobierno, Gárate logró el  acuerdo del Congreso para vender a particulares la manzana donde ahora se encuentra la Rectoría de la UAT y el Teatro Juárez.

Sin embargo, a los meses se arrepintió (muchos ciudadanos se lo pidieron, dijo), mandó iniciativa al legislativo y éste emitió el decreto 272 para que dichos terrenos siguieran siendo estatales.

-Mediante este decreto expedido por el Honorable Congreso del Estado como consecuencia directa de la iniciativa presentada por nosotros, queda sin efecto legal alguno la autorización concedida al Ejecutivo para lotificar y vender la manzana propiedad de la Hacienda Pública de esta entidad y del municipio, en la que se encuentran actualmente ubicadas la Presidencia Municipal y la antigua Penitenciaría del Estado.

El propósito original fue enajenar estos bienes para estar en la posibilidad de sufragar los fuertes gastos que representan las construcciones del nuevo Palacio de Gobierno y la moderna Penitenciaría del Estado.

Sin embargo, al conocer nosotros la opinión de diversas personas de la localidad, en el sentido de que esos bienes no deberían de salir del patrimonio público, el Gobierno del Estado, como demostración plena del respeto que le merece  siempre y ha merecido la opinión pública bien intencionada, decidió no vender por ningún motivo el mencionado inmueble, no obstante que esto representaba gravar los presupuestos del Estado y realizar sacrificios de orden económico para cubrir las serias erogaciones derivadas de las construcciones ya mencionadas. 

Gárate Legleu se jactaba de su proyecto penitenciario: Será construido de acuerdo con las exigencias del régimen penitenciario más avanzado de México.

Así fue. Tenía hasta una sala de quirófano para la práctica de cirugías, salas de conferencias y oficinas.

En total el penal costó al gobierno dos millones 364 mil pesos, de los de entonces.

Pero no fue la principal obra. El primer lugar en inversión se lo llevó el Palacio de Gobierno con tres millones 183 mil pesos.

Sin embargo  fue “ejemplo del régimen penitenciario nacional”, modelo de ahorro y transparencia.

Establecía el Gobernador:

-…Cantidad que estimada en relación con la calidad de la  construcción y  la función social que corresponde a ese edificio penitenciario, nos autoriza a afirmar que en esta edificación se hicieron los mayores ahorros y se manejó la información con escrupulosidad…

No mencionó de los muertos en la obra de construcción.

Como en Ciudad Victoria no había suficientes albañiles, trajeron de Tula.

Ahí participó Marciano Molina Pineda como ayudante del maestro de cuchara completa Florencio Orozco.

Fue testigo, como escribió la historia, de cómo un joven tulteco perdió la vida. En un andamio corredizo, en lugar de jalar el mecate de subida agarró el contrario y se desplomó. Fue uno. Hubo más.

 

NUEVO PENAL, PROYECTO DE TOMAS YARRINGTON

 

Después de Tamatán, construir una nueva penitenciaría fue proyecto del gobierno de Tomás Yarrington Ruvalcaba. Promotor directo el entonces director de los Ceresos, Manuel del Riego de los Santos.

Decía que la ciudad penitenciaria debe estar fuera de la mancha urbana. Solicitó a la administración municipal de Victoria la donación de un terreno de 16 hectáreas, señalando que estuvieran ubicadas al norte de la ciudad.

La primera petición la recibió la administración del alcalde Enrique Cárdenas del Avellano por el año 2000.

Para dar inicio al proceso de construcción, Del Riego anunciaba la firma de un convenio de participación entre el estado y federación.

-No podemos pensar en un nuevo penal hasta que tengamos un convenio con la federación y sepamos en qué medida va a compartir los gastos de los reos federales que se encuentran en Tamaulipas.

Había más de cuatro mil 200 reos federales. Tan solo en Ciudad Victoria sumaban 469, el 43 por ciento de la población interna.

-Queremos ya el convenio, porque el reo necesita no solo comida, sino que se le garantice espacio para dormitorio, sanitarios, pupitres para estudio, área industrial y aula de capacitación, además del deporte y auditorios.

Igual que el Gobernador Gárate en 1949, el proyecto de Yarrington destacaba que observarían estándares internacionales y nacionales: Tres secciones básicas, educación capacitación y trabajo, además de  áreas de apoyo en deporte, cultura, actividades sociales y artísticas.

Las auxiliares: psicológica y espíritu y mente (incluye religión).

Un penal estatal de seguridad media, sentenciados con espacios para evaluación, observación y clasificación, según las condiciones socioeconómicas, educativas y culturales.

Es decir, de realizarse instalaciones, serían de lo más avanzado en el país, tal y como se construyó en su tiempo el actual, pero que la población y las necesidades lo fueron dejando obsoleto.

Al haber un nuevo espacio, el actual Cedes se destinaría a no sentenciados y a ampliar juzgados.

Con Yarrington el proyecto quedó inconcluso.

Fue hasta octubre del 2009 que el Gobernador Eugenio Hernández Flores arrancó las obras, no al norte de la ciudad sino al sur. Destinó 250 millones de pesos que no fueron suficientes para culminar la obra negra.

A finales del 2010, sin recursos y con un problema de sobrepoblación carcelaria encima, Hernández Flores ofreció a la Secretaría de Gobernación que terminara para convertir un penal federal. Se los transfería. No le tomaron la palabra.

Transcurrió el tiempo y la administración de Egidio Torre Cantú sepultó el proyecto inicial de Yarrington y Hernández Flores.

El gobierno de Francisco García Cabeza de Vaca revive el tema. Después de17 años ¿Ahora sí habrá penitenciaría?.

Raúl Gárate Legleu lo terminó en un año.