Así te vi

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Rigoberto Hernández Guevara

Ciudad Victoria, Tamaulipas.- Hay veces que no necesito recurrir a las ideas o al pensamiento para armar tu melodía, suenas por así decirlo, sabes a esta graciosa parte dulce de la vida. La vida es un pedazo de ti en el mundo global de los necesitados de afecto.
Siempre he visto tu mirada, pero en la expresión un sabio debió dar su consejo. Por tu rostro se inscriben ciudades y las luces prenden y se apagan en amplios mares con finos atardeceres.
Voy a volver a las andadas de escribir por las mañanas, cuando aún está fresco y puedo imaginarte en el filo de la luz, junto a la ventana, en el sillón que sostiene un almohadón llano y fresco.
De pronto tú caminando por la calle, riendo todo el tiempo. La risa se abre espacio entre la gente y he visto por donde se alza el porvenir en tus ojos. La calle es estrecha y se arremanga un poco al llegar a la esquina y da la vuelta.
Suenas a esta batería constante y la trompeta crucial en un juego de dados ya ganado. La calle sigue entonces rumbo abajo y al frente de batalla el horizonte te imagina así, en una nube.
Adentro donde se acomoda el silencio, tu voz es una constante y el juego se ha vuelto canción emocionada. Y cantas. Estoy despierto.
Te besé de alguna manera, hubo la pegazon que hace que dos personas suelden el alma. La calle luego tiene que dar vuelta al final de todo esto que es el pueblo y se navega en un mar de fierros retorcidos y concreto armado.
Te besé mientras veías el cielo por un lado de mí en otra nube.
Abajo había alas invisibles que sobrevolaban tus ojos en un vaivén de estío. Así es cuando llueve, no te apures, pero no va a llover, y ves que el cielo se ha nublado.
Suenas debajo de los escondrijos más remotos donde se han perdido los niños escondidos y encontrados más tarde, luego de unos cuantos años, ebrios, mirándote como yo.
La calle se asoma desde la otra calle que va a solo dos partes. De uno al otro lado alguien estira el pensamiento, lo hace viajero y surge la repentina curiosidad que va en tu suelo. En un entronque de mi corazón donde se lían los mejores deseos eres la dueña.
La calle es un riel de tren y poco a poco se acaba los pasos en las veredas venosas y cartilaginosas de ramas abiertas, el día te espera como yo en una esquina.
Hay veces que suenas a gorrión en los cables y salgo a ver por las paredes de mi precipicio que da finalmente a un lago.
Suenas a mirada, a mirlo, a espacio, a liquen, a pedazo de higo, a soledad de madera, a monte alto, a pelo de ángel, a gota de agua.
HASTA LA PRÓXIMA.

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