Herejías en el muro

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Rigoberto Hernández Guevara

Ciudad Victoria, Tamaulipas.- Amor y poesía están unidas. El ser humano es un ser arrancado del poema, presa fácil, fundición de hierro en agua, ser que se moja en el alma.

El amor sin erotismo es herejía, la blasfemia es un drama, los cambios que siendo únicos se hicieron luz y paisaje y, entre la adivinanza, el presente del cuerpo es casa del huerto.

El mundo es pareja, brazos que se abrazan, quietas paredes que bloquean la niebla. La palpitación son pechos de enjarre, pensamiento que huye de la realidad para encontrar la muerte.

El mundo no es verdadero, la intención de los ojos es lo que cuenta en el invento, el elemento único es la manta acribillada por la somnolencia, una mitad del muro es la vida, la otra mitad es memoria en su claustro.

Un agravante de sal sostiene el océano, como el vestido, el brazo desnudo que abre los sauces, la miel que hiela, la soledad sobre la mesa que pesca un hilo de la ventana abierta.

Tu cuerpo es transparencia en un río, lengua que lanza su boca, que danza en látigos sobre mi piel que corre y deja que pase el aguijón de aire.

Un libro se pueden leer detrás de los números, doscientos son los números, si vas en el uno acaba para siempre el evangelio de las palabras que faltan.

Hay una correspondencia entre los lejos y lo cerca que nadie vio, esta es la última vez y la primera, el secreto de la lectura del universo.

La razón es el secreto, el perdido elemento antes del instante, el momento primo, el comulgar de nuestra ausencia de este lenguaje obstinado en los tambores, creación que copula, amor que funda los ojos que dialogan.

El tiempo fue antes que el cuerpo, el cuerpo existe cuando se acaba el tiempo, la memoria es una parte del alma, el fin es la recapitulación de la existencia.

Lo que los dedos tocan es la ruptura, el periodo del suelo, la esfera del vientre, la descripción de un piso otra vez en otro metro cuadrado de tu geometría.

Estoy a la entrada, en mí, este que soy te habla desde la planta de mis pies áridos.

Entre el bien y el mal, el amor camina en la poesía, el erotismo es su casa de ladrillos.

La historia se hace vicio, el puente que pasa se mueve, cae, no va a ninguna parte, lo cierto es este estar suspendido en el limbo de tus labios, con los ojos cerrados.

HASTA LA PRÓXIMA.