La tarde en vilo

0
228

Rigoberto Hernández Guevara

Ciudad Victoria, Tamaulipas.- A veces eres tarde remota, a veces ocurre en la impronta maravilla de la cuchara en la boca, tu boca; a veces es hora de ser largo como el verano, pero corto como el otoño en los primeros cítricos de la tarde.

A veces eres tarde como la era, como la carta, a veces también eres una carta, una hoja, una elegía de Duino.

Te hallé en un cigarro suprimido, suspirado, terriblemente aspirado por tus labios destrozados por un ángel insoportable.

Fuiste la primera en verme, ni yo me había visto entrar en el oscuro pasillo.

Desde un responder, el niño callado casi llorando que soy, te mira en silencio y crece.

Debió ser que te observaba en aquel viaje eterno de gente que pasa y camina sin detenerse hasta la vuelta de la calle del universo como un viento blando en las manos.

En el final desocupado, en el final del último punto, conduzco la palabra que te llevará a verme dormir.

Claro que diré lo que sé encarnado en el árbol de mango, claro que hablaré desde la edad que fue, contrito y casi al doble, sé que me dejaron ser para ser este poeta. Ojalá adrede, ojalá quisieron, ojalá me amaron.

Ambas mitades junto a la hoguera del jugo, en la disolución de la memorable profesión de jardinero que escarba; es una abertura de juicios, es cambio de moneda por otra mientras se despierta el agua y responde unas preguntas.

Entre nosotros hay un ser que se maneja sin ruta, debió ser la vida tan fuerte que en su silencio ha salido de nuestra parte.

En la oscuridad nos vimos sin vernos, este es el tálamo de ahí, ahí va esa tuerca apretada y loca, aquí la reconciliación con la tierra plana.

Ojalá que el viento arrastre también el líquido miedo, en una sola emisión, en una isla, un soplo de vida como quien nos sabe distinguir entre la vida y la muerte.

A veces eres beso en la tarde, molusco en los labios, abiertos los pensamientos que han quedado de espejo, de soledad lenta.

A veces soy risa en la tercera piedra, pequeño escribiente que se cuelga de un pino, un tambaleo de ojos para escribir derecho, un grito grande, un fuerte sacudimiento como si quisiera sacarme en vilo de adentro de mi cuerpo.

HASTA LA PRÓXIMA.