Tamaulipas, el manotazo en la mesa

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Antonio Arratia Tirado

Cd. Victoria, Tamaulipas.- Va una pregunta pa’l diablo: Como Pepe el Toro ¿Eugenio Hernández es inocente?

Otra ¿eso lo determinan las instancias encargadas de procurar justicia o la vox populi?

Más allá de la ley y la justicia, lo que impera en México y por supuesto en Tamaulipas es el interés partidista, no obstante que a la gran masa de la población ni le va ni le viene la disputa por el poder porque lo que en realidad espera, con urgencia, es que se le satisfagan sus necesidades más básicas, lejos de las disputas de colores o de veleidades particulares.

Más clara la cosa, cada quien habla de acuerdo a como le fue en la feria. Y nada más.

Revisar la historia e incluso la monótona cotidianidad de la vida diaria aporta muchas lecciones que debían servirnos para forjarnos un criterio relativamente sólido, capaz de sortear el bombardeo mediático y mercadológico que impele a hacer creer lo que no es o a descreer lo que sí es.

Algo sumamente difícil de conseguir, cuando la razón es sustituida por los sentimientos o, peor aún, por la ideologización o el dinero.

Es prácticamente imposible hacerse de un criterio sólido si se considera que el caso que nos ocupa, como el de los procesos eleccionarios, se acerca más a los fenómenos que de acuerdo con la ciencia están determinados por factores antropológicos, sicológicos y biológicos.

Para entenderlo, pongamos a Eugenio Hernández Flores en un escenario de poder: empresario mediocre, analfabeta político, voraz depredador del dinero público y con cierta disposición al aprendizaje exprés de la cosa pública.

Experto vendedor de su propia imagen, utilizó carretadas de dinero para introducirse hasta el propio corazón de Los Pinos, donde compró impunidad para él y para un grupo de personajitos que, con el solo hecho de haber servido de acarreadores de billetes, se constituyeron en reyezuelos de opereta con derecho a asegurar para siempre su futuro y el de sus familias.

Entonces, con dinero o con el poder de las armas empuñadas por otros, se apropiaron de medio Tamaulipas.

Pero se movieron los escenarios nacionales y los de Tamaulipas y se acabaría la suerte (¿en verdad se les acabará?

Con dos gobernadores en la cárcel y un tercero viviendo en con el “susirio”, Tamaulipas se vuelve entonces un sismo político, se desatan las pasiones y se abre la caja de pandora de donde emergen demonios y ángeles santificados para trenzarse en una peculiar lucha, en busca de emitir sentencias condenatorias o absoluciones dictadas por el corazón.

En la política, los deportes y los negocios, el aprecio casi desmedido hacia el más débil que se atreve a desafiar al todopoderoso es casi generalizado.

Desde que David le partió a Goliat la mandarina en gajos, la historia está plagada de desvalidos que enfrentaron toda desventaja y cautivaron al mundo.

Aterrizando el asunto, Eugenio gobernador fue un tiempo Goliat y en Francisco García Cabeza de Vaca tuvo a su David en la alcaldía de Reynosa.

Eugenio gobernador ganó una pírrica primera y encarnizada batalla, pero ni con todo el poder de su reino pudo eliminar a su nada apreciado David, a quien infamó, vejó y sobajó, sin que pudiera eliminarlo por completo.

Hoy, por esas cosas de la vida, los papeles se invirtieron y Cabeza de Vaca encarnó a Goliat y encarceló a David, un Eugenio con el olfato político extraviado y cuya soberbia le hizo pasar por alto que sus defensores en  Los Pinos, en la Secretaría de Gobernación y en el PRI están ocupados en salvarse a sí mismos y el dinero de los tamaulipecos que les dio a llenar ya se acabó, aplicándole aquella vieja máxima de “lo caido caido”, o “lo que entró salió”.

Como todo ciudadano, el ex gobernador de Tamaulipas tiene derecho a defenderse, usando todos los medios legales habidos y por haber.

Pero Francisco García Cabeza de Vaca no solo tiene el derecho de enjuiciarlo, sino la responsabilidad y la autoridad que le confiere el cargo, más allá de las imputaciones que se le hagan en el sentido de que es una revancha política, en recuerdo de los aciagos tiempos del pasado.

Para que amarre la cosa, traslado al texto lo dicho al reportero por un alto mando priista, a propósito de la sicología de los electores de Tamaulipas.

Método infalible entonces, nunca le fallaba al PRI.

Con algunas excepciones la estrategia había dado excelentes resultados, pero con Eugenio Hernández Flores la cosa era pan comido debido al innegable carisma y a su propensión a halagar y a elevar la autoestima de las mujeres y de los sectores abandonados, cuya inconformidad acallaba con una despensa o un apoyo de 200 y 300 pesos.

-La verdad es que Geño es experto en venderse solo, sin ayuda. Era un pendejo, pero aprendió rápido.

-Sí, pero ahora el gobernador es Egidio Torre Cantú ¿y ya vieron el escenario de rencor y agravio popular?

-Ni me digas, lo que veo es que nos van a partir la madre.

La estrategia que casi nunca fallaba era sabida, pero se antojaba miserable cuando un alto mando priista la externaba.

La estrategia la dictaban siempre los mercadólogos del PRI, apoyados precisamente en lo que escribimos líneas arriba: la explotación de los sentimientos y el abuso de la ignorancia y de la necesidad de los ciudadanos, es decir,  sacar raja de los factores antropológicos, sicológicos y biológicos.

La fórmula era y es simple: el PRI gana donde hay ignorancia y pobreza y pierde donde el elector usa la inteligencia y no el corazón.

-¿Y el empleo de esa estrategia les servirá con lo que les deja Egidio?

-Por qué crees que te digo que nos van a partir la madre… a los pobres y a los ignorantes podrás hacerlos pendejos una, dos y tres veces, pero no siempre. Aquí el corazón no jala, cómo paras el encabronamiento contra Egidio.

El preámbulo anterior tiene como objeto  explicar cómo es que muchas veces los sentimientos y el dinero determinan  el criterio de las personas e impiden discernir o ver con nitidez el quehacer público, al que se condena, se alaba o se juzga con el corazón, sin evaluar los elementos, pruebas o argumentos técnicos o jurídicos de que disponga para la toma de decisiones.

Por las razones antes expuestas, incluidas las válidas y valiosas ideologías diversas, segmentos de tamaulipecos ya han calificado en un año los seis que le corresponden a Francisco García Cabeza de Vaca, sin aguardar los siguientes cinco para, entonces sí, disponer del arsenal de argumentos suficientes para juzgarlo y, si se lo merece, sacarlo a golpe de votos porque así llegó a la gubernatura de Tamaulipas.

Lo hemos dicho antes y lo reiteramos ahora: a Tamaulipas le falta de todo, pero también adolece de una adecuada cultura política que ayude a empujar a los gobiernos a la búsqueda del bien común, por encima de intereses personales, económicos y partidarios.

A eso tampoco debemos ser ajenos los periodistas, entendiéndose como periodistas a quienes nos dedicamos a esto como una profesión y no a los improvisados que de la noche a la mañana llegaron con teléfono en mano y se apropiaron de las redes sociales, vomitando toda clase de barbaridades e improperios sin saber siquiera el significado de la ética y la responsabilidad.

Cuando lo logremos, podremos entonces calibrar en su justa dimensión los actos de los gobiernos y de la sociedad en su conjunto, sin que nos despedacemos entre sí cuando en el debate estén casos como la detención de Eugenio Hernández Flores o de Tomás Yarrington Ruvalcaba.

En este caso particular deberá ser un juez el que determine su culpabilidad o inocencia, sin que en ello interfieran o incidan las voces que, como la nuestra, ejerzan o ejerzamos nuestra libertad de expresión, ya sea a favor o en contra.

LA DEL ESTRIBO

Para cerrar el tema: sí hay preocupación en el equipo de Eugenio Hernández Flores, pues ya hasta les han filtrado la ruta que será empleada para entregarlo a las autoridades de Estados Unidos, una vez que fenezca el término constitucional solicitado y que concluye este jueves…

Correos electrónicos: anton5004@hotmail.com y anton5004@gmail.com