Sin palabras

0
787

Rigoberto Hernández Guevara

Ciudad Victoria, Tamaulipas.- Uno mejora con el abismo. La imagen es el argumento ahí todavía invisible. Uno mejora con el tiempo a la salida de un barco, en una obra.

Con el paso del día al otro continente, el rito de recibir el día, el año nuevo, el premio, las ceremonias del asombro y la avidez son un puente válido.

Algunas frases son fallas estructurales, roturas del alma en las ciudades de la eternidad. La eternidad es un correo en un reloj de arena.  En una relación sincera lo bueno y lo malo que por la tradición son de alguien me sobreviven. Voy cediéndoles todo.

Quizás sea esa multitud escondida, el maniqueísmo de los textos, la perseverancia del ser o la teoría personal y tan pública de escribir bajo la forma del olvido.

Cada uno de nosotros en algún texto nos inventamos. Después los lectores cran tu personaje. En los cuentos no hay personajes, cuando lees los encuentras. La imaginación absorbe el resto que empezó con unas palabras y son una nueva historia.

Un poco perdido, en colaboración con la gente, se logra una tarde muy parecida a las otras. Se piensa en esta ciudad sin otra patria, en el cine, una calle derecha. Una cebolla dorada y de marfil.

Bastaría detenernos en una esquina para explicar un número de estrellas quebradas en los vidrios. Comparar la noche con un río en la noche que fluye. El sol da todavía en los caminos con nombres ilustres.

En una antigua lengua de liquen, en una dinastía que echó raíces en la solera de un páramo, leí el vertiginoso destino. En el retrato, en nuestro tiempo es muy importante la renovación de las luces, la ultraísta conservación del agua.

El mejor símbolo es el arte. Pudiera perderse todo lo que se dice arte y que pudiésemos decir que lo vimos pasar por nuestras calles, hay una especie de eso, una idea vaga.

Desde luego, siempre se sabe dónde está el arte, esto es una pasión la de ir escuchando los espacios, metiendo la nariz en los huecos de una ala, o en la torcida labor de una pintura que viaja con el tiempo.

Tiempo y nostalgia se escriben. Uno es la trascripción oral, lo que otra persona dice. Pero aun ahí hay otra parte de la realidad en nuestra memoria hecha de imágenes.

La libertad es un símbolo, una trascripción oral que no pudo despertar en imágenes. La metáfora en gran parte es más feliz así en los viejos diarios simbolistas.

Lo contrario a lo que se dice, el sólo hecho que no se diga, eso somos, el símbolo de otro siglo, el momento de una tregua en la vida común del silencio.

Afuera, la tarde conversa con diversas personas, griegos remotos, extremos, intermedios y remisos indios, leyéndonos, mirando los signos, sin palabras.

HASTA LA PRÓXIMA.