Un hijo contigo

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Rigoberto Hernández Guevara

Ciudad Victoria, Tamaulipas.- Vine desde el futuro a buscarte para tener un hijo contigo y resulta que no me amas. Te aclaro que esta es una ilusión, el mundo todavía no se inventa. Dios anda de viaje recorriendo el mar del verbo en un tiempo nublado.

Así como te lo cuento: mi ficción comienza por saberte cercana. Presento mis respetos a la puerta, al humo del cigarro, a mi voz destartalada de profeta sin rumbo, que piensa en el pasado.

El mundo es un museo de objetos contemporáneos en plena crisis de futuro, del habla, de la idea escrita en una vanguardia trasnochada.

En este ensayo de la vida hay ironía y no se vale, puede ser que sea falsa esta falsedad, ¿pero quién podría estar en contra mía y confirmarla, o quién la negaría?

La riegas, este mismo año deberíamos andar juntos y llevarnos un huerco demoledor, para andar por el mundo en plena actividad de los movimientos de la Europa deshilachada y publicada en google.

Claro que tenemos muchos años en el mundo como para andarnos fijando, si acaso consultamos un rato las versionas más estúpidas e inseguras de alguien que asegura que todo es cierto, como en la tierra del no pasa nada.

De principios del siglo he traído la tradición del romanticismo y sé que el arte de hoy tiene que ser distinto al arte de ayer en tus ojos. Y sé que no tengo razón, lo sé abiertamente, descaradamente, como quien ve nacer la naturaleza humana que desaparece en la intuición.

Un grupo de poetas y pintores caminan por la arena de los italianos, surge otro grupo atrás de la generación que experimenta con todas las formas informales y recogen la herencia del suelo, al tiempo que son más comedidos, frente al hombre que soy viendo el viento.

Vine a buscar tu ausencia, tu presencia casi, tu radicalismo, tu extremaunción antes de la suerte que se llama comprometerse al orden mundial de morirse en tus brazos, eso quiero, vine a buscarte por eso.

Todavía hay conflicto de fascismo en las ciudades, se prolonga la creencia de la influencia desgarrada en la revolución que acaba.

Para los artistas, las coincidencias son una contradicción, los que se juntan hace una tendencia que se vuelve artesanía, propaganda de ideas captadas por un gobierno.

Como actitud vital, más que actividad creadora, quiero tener un hijo contigo para llevarlo a la realidad oculta. Donde hay movimientos semejantes que mueven la ropa y donde más o menos ocultos en el renacimiento del cuerpo, nos vemos todos revueltos en un solo hombre infinito.

Vine porque mi generación del futuro descubrió este momento contigo a un lado viendo la luna terca, algo esencial para la existencia.

Dices que no me amas y estás aquí ligada a una idea general de la sociedad de los labios, holograma del cabello suelto, de la técnica de entrelazar los dedos. Me ves dando cuenta de la escritura emborronada.

El arte por sí mismo no es revolucionario ni quiere un cambio social, quiere un hijo que busque la intensidad, quiere la poesía derrotada a cada instante por el tiempo, quiere el mismo segundo que se quiebra en un espejo.

Vine a buscarte, pero te acabas de ir y ahora ni siquiera te encuentro, ¿qué le diré a la vida, a los poemas cuando esté despierto?

Y yo sólo quise tener un poema contigo, para llevarlo a la perfección que está en el futuro.

HASTA LA PRÓXIMA.