Existo, entonces no existo

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Rigoberto Hernández Guevara

Ciudad Victoria, Tamaulipas.- Apenas caminas y te das cuenta que existe la inexistencia. Lo que hay es un espacio para la difusión de ciertos logros que ve la gente, interesados en buscar nuevas formas, distintos olores, otras soluciones para lo mismo.

La realidad supera la ficción, hay ciertas vidas que no existen, otras personas cuyos nombres son llevados a la pantalla grande de la imaginación sublime, dibujadas en la mente de todos, se hacen presentes.

Un pintor convence a su modelo de que antes de ser mujer fue lienzo en blanco. La dama lo escucha y se va para siempre. Nadie supo qué fue lo cierto, quién tuvo razón con el paso del tiempo.

En un intento por existir logramos bajar del viejo camión y cruzamos la calle, es una manera de ver la vida el ir siempre, puede que sea un regreso, un estar permanente, uno nunca sabe. Es pared del saber, eso de que no todo lo que se ve existe.

En una multitud de espejos ¿cuál será el espejo real, cuál la imagen creada y recreada por la multitud?

Alrededor de la existencia surge el logos, el conocimiento falso que trata de justificar  esa existencia.

Son, porque alguien las dijo, les puso nombre, las fue siguiendo y las mantiene encendidas como una antorcha, las palabras son mientras alguien las quiera.

La inexistencia tiene mucho de existencia, y es muy común acudir a las citas de otros y nosotros, entre ellos, los fantasmas y nosotros, los no justificadamente ciertos.

Apenas caminas y alguien te niega tres veces. Tratas de llegar a un acuerdo por el bien de ambos, uno de los dos podría dejar de existir en cualquier momento. De pronto uno de nosotros recupera la sonrisa, luego de muchos años. Pero tiene que ver quien le escriba, quien lo compre, quien lo olvide.

Existir es una sola palabra, es soledad, volverte loco buscando sin hallar, hallando sin buscar, mil veces atado sin amarrar, apartado sin libertad, ignorado sin olvidar. Existir fue el primer verbo, luego fue el agua, las ganas de llover.

Existir también es música, un idioma sonoro, miles de ejemplos para simplificar el aire. Alguna muerte ha encallado con placer en el viento que pasa.

Existir es existir mil veces hasta la extinción, hasta que finalmente te gane la razón de quien discute contigo; mientras los marineros fenicios, quienes las inventaron, extinguen las palabras y vuelven a remar como único destino, sin mucha emoción.

Curiosa metáfora, rodillas de montaña, risa de Dios en su degradación de llanto, tengo para mí la sensación de la existencia en todo el cuerpo, si alguien me toca, me derrumbo.

HASTA LA PRÓXIMA.

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