Los fines del año

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Rigoberto Hernández Guevara

Ciudad Victoria, Tamaulipas.- El día va por las orillas del año. El cuerpo es un proceso que se mueve a ese dichoso futuro en que al perecer todo comienza, aunque no se mueva ni se vea.

Uno, el ser humano, conciso e indeciso, es el principio y el fin. La gente hace un resumen de su existencia al finalizar un año mientras el otro entra.

Las cosas fueron bien para todos los que pudieron contar. Contar es ganancia aunque sea cosas tristes. No todo se tiene y si cuestionamos ¿qué es el todo?, el todo es la nada.

La idea de un todo. La totalizadora idea de poseer una entidad para la eternidad se vale. El verbo es dueño del extraño poder del tiempo, de las letras, como una presencia que se aleja en cuanto las decimos.

Lo más sencillo que es lo más sublime, es lo que hace feliz a las personas, lo más sorpresivo, incluso lo extraordinario, en lo que menos se pensó, uno es el primer sorprendido.

El día viaja a los últimos días del año con los recuerdos. Horas que simplemente pasaron, y nadie recuerda la vez que te pusiste y te quitaste un zapato. Un perro ladró y no te acuerdas. Desde ahí se veía un balón de futbol.

Cada año te enteras de la renovación y la decadencia termina como empieza, nunca hubo otra cosa, supe que se puede hacer la diferencia, el año fue un año que nos sorprendió por su rapidez e ignorancia.

Creo que en el contexto mundial, entre más vemos la colectividad más observo la decadencia. Nada es eterno. El capitalismo cae porque cada vez nos cuesta más sostenerlo en pié. Caerá de su sombra, por sí mismo.

Es el último año de ausencias, todos vuelven a sus lugares de origen, en los primeros días del año hay gente corriendo en las calles.

El día último palpita en las calles y es un intenso trepidar cuesta arriba del tiempo. Apenas llega y baja los brazos de nuevo e instala su campamento de sueños.

Es tal vez el último día del año. Dije tal vez. Ojalá y no hayamos equivocado de casa y el año, como ocurre a veces, es primero en otros lados. El flash, ronda las casas, los adentros espectaculares y las alfombras rojas. Hay silencios expectantes aun entre las cortinas, alguien se lío a golpes y fue derrotado.

El señor saluda muy amable luego de veinte años al respetable que fue de su calle y las alcantarillas rodantes, los negocios han cerrado. Estamos cerca de una esquina. Unos se detendrán antes de dar vuelta; en la contraparte, junto a las sombra, está el año que termina. El de la oscuridad cada vez más densa.

En México se reparten tamales ceremoniosamente. Son un factor de unidad. Como las calles, contaminadas del vaivén musical de una noche última, que no volverá. Entre aguardiente, tequilas y las buenas intenciones de las personas.

No todo es dinero, porque si lo fuese, el año se regresara para muchos, hubiera alguien cobrando el paso al siguiente año, en una caseta. Pero es gratuito… o quién sabe. A mí no me han cobrado.

Llega el año nuevo con dos o tres propósitos, o ninguno. Habrá quien haga una lista larga y la cumpla. Otros, tal vez no cumplen el único propósito, que se plantearon con la mano sobre la biblia. Pero no pasó nada. Tampoco nadie desde un alta voz gritó que no se valía intentarlo de nuevo. Nadie se muere en la víspera.

Hay quienes lo habrán intentado, realizar o alcanzar una meta muchas veces de nuevo, e incluso aquellos que al pasar por la calle se diga de ellos, “miren allá va el que no cumplió sus propósitos de año nuevo”. ¿Y eso qué? Esta tampoco es una invitación al fraude.

La historia de la vida está llena de estoy pequeños momento estoicos en los que el ser humano resiste a pie juntillas todas las traiciones de sí mismo, las ultra frustraciones, con tal de sacar adelante sus metas más sentidas.

Otros dejaron muy lejos el orgullo propio que no condujo a nada, pues la vida sale y entra como el aire. Es una punzada, una corazonada.

Se es feliz porque se es como si nada, si intentamos ir más allá nos arriesgamos, y nos arriesgamos. Habrá quienes lo intentemos de nuevo. El caer es cotidiano, digamos, si bajas los brazos, si miras para abajo.

Entonces caminas y avanzas hacía el siguiente año, y la vida es lineal, dos pasos a la vez, el paso que dejas y el que piensas dar. Si cierras los ojos, no hay nada.

HASTA LA PRÓXIMA