Café

0
771

Rigoberto Hernández Guevara

Ciudad Victoria, Tamaulipas.- El olor del café es un instante, es también un pasado con alas recíprocas en la luminosidad, en lo etéreo y eterno.

Auriga del viento, el aroma del café conduce una nube pequeña tras una embarcación fantasma en el océano, que le persigue al mismo tiempo.

En las multitudes ruidosas, atrás de la puerta misteriosa el café delata los rincones, los oscuros callejones de la memoria. El aroma ata los tiempos.

En la planicie el café es un páramo, un cactus efímero, una vocación de silencio en medio del ruido.

Por si deseas salir a conversar el café es la mesa, la taza risueña, el pez que cruza enfrente de los bebedores, que entonces voz ya construida en metal, se vuelve charla de trashumante.

De aquí al café que tomo con las manos hay el deseo, las locas ganas. El ansiado momento llegado con anticipación, el sorbo, y luego la sonrisa que, por así decirlo, es nuestra. Es el café una calle del alma, por ahí pasa, a un costado de las casas.

El café filtra los objetos que van llegando, las nuevas formas, la última ocurrencia sobre una servilleta, o quizás solo ha sido el confesionario mudo del silencio.

Si les parece un café. Al fondo una cafetera espera el uso indiscriminado con manos procedentes de todas partes.

La voluntad de los bebedores es llevada hasta sus últimas consecuencias y el sentenciado sólo pide café con leche y dos de azúcar en medio de la noche.

Adyacente, la vida del café seca su humo en el rostro de la gente, espolvorea la humedad cantante.

La noche es café negó, resucitación de muertos caídos en la venganza, en el destierro de la patria honesta y pluvial.

Un día salieron todos a buscarlo en el grano, por dentro de las manos, encima de una camisa de sueño, en la nube gris, en la tarde podrida al fondo, sumiéndose en un sorbo.

El caso puede ser cruel o no ser, la mano puede ser la equivocada, el café es un asunto neutro, un acontecer por pacer. La soledad es un café en medio del tiempo, luce una capa heroica, escapa a las miradas, por un instante se acompaña de un cigarro, en las mesas y uno es el café de todas las maneras posibles antes de volver a ser lo que siempre se ha sido.