Matemático de Ciudad Victoria triunfa en América Latina… y en Tamaulipas lo ignoran

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Por Julián Hernández

Ciudad Victoria.- Al amanecer se escucharon detonaciones, gritos, sirenas. La gente salió de su sueño, confundida; corrieron hacia los refugios en la oscuridad. La guerra levantaba, de nuevo, el polvo de Cisjordania. Entre los aturdidos iba Ernesto Navarro, ingeniero victorense.

La metralla percutía cerca de los dormitorios. ¿Morirían todos? ¿Estaban ahí?

Acogido por la oscuridad, resguardado por los sólidos muros, Ernesto se quedó en silencio. Vio a sus amigos escondidos en un rincón seguro, como él. Se relajó a los pocos minutos y escuchó con atención los estertores del exterior.

Seguían los disparos, los motores, las maldiciones, pero los oía como si vinieran de un televisor o una película. Extrañamente, Ernesto ya no tuvo miedo. Su mente se concentró en una idea; la siguió con curiosidad. Imaginó que había un método susceptible de enseñar las matemáticas con facilidad y eficacia; casi podía ver a un niño de 11 años resolviendo problemas de trigonometría y álgebra. No era un sueño: el método era real, y estaba cierto de crearlo.

Igualmente fue real el enfrentamiento de aquella mañana en territorio israelí. Días después, cundió la noticia de un atentado explosivo en un restaurante ubicado en el centro de Jerusalén, con 19 muertos.

Transcurría el verano de 2001.

*  *   *

“Un día me encontré con un compañero profesor del Tecnológico de Victoria –cuenta el señor Navarro- Me dijo: ¿Qué crees? Ya me jubilo. Pero, ¿cómo? ¿Estás enfermo? Te ves sano; no eres viejo”.

“Me dijo: Estoy bien, no se trata de eso. Fíjate que esta mañana estábamos en clase. Quise motivar a los estudiantes y le pedí a uno que me ayudara a resolver un problema. Se puso de pie. Estudiante de ingeniería, ¿eh? No habíamos ni comenzado cuando se quedó estático. Vi el asombro en sus ojos. ¡No sabía el resultado!”.

“Le dije: Divide 18 entre 3; se quedó mudo. ¡No sabía el resultado! Ahí pensé: Basta ya,   mejor me jubilo”.

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-Lo que pasa es que el alumno no estudia. Le regalan puntos por puntualidad, puntos porque lleva el uniforme, puntos porque lleva el cuaderno forrado y, al final del semestre, ya está aprobado sin examen. Consecuencia: al Tec llegan estudiantes que no saben las tablas de multiplicar -explica Ernesto Navarro.

Ingeniero agrónomo, originario de Ciudad Victoria, Ernesto Navarro Cumpeán ha viajado por España, Francia y, principalmente, Israel. En Tierra Santa ha estado en tres ocasiones: en 1989, en 1993 y en 2001.

En su tercera expedición acepta una estancia en el kibutz Nir Oz, a unos metros de la Franja de Gaza (kibutz: comunidad israelí dedicada a la agricultura, que reparte los beneficios entre sus miembros en términos iguales). En Nir Oz busca experimentar con técnicas de aprovechamiento de riego, pero la violencia circundante se lo impide. Ahí mismo, mientras escucha el trajín de la pelea entre judíos y palestinos, concibe la idea del proyecto MERYAD, palabra compuesta con los nombres de su esposa (Mary) y sus hijos (Ernesto y Adriana).

“Todo lo que hago se encuentra en un documento llamado ‘El Proceso de Enseñanza Aprendizaje de la Matemática desde una Propuesta Metodológica’. Está publicado por la Universidad de Málaga, España, y se encuentra en Internet. Soy el autor. Se publicó en 2012, lo envié a Málaga en formato digital y, ante la gran cantidad de consultas, lo editaron y lo pusieron a la venta en algunas librerías”, detalla Ernesto Navarro.

Sin llevar a nadie al pizarrón, sin exámenes, ni teoremas, Navarro Cumpeán asegura que este enfoque ayuda a un niño de 11 años a dominar problemas de álgebra, trigonometría, geometría analítica, cálculo diferencial y 50 por ciento de cálculo integral.

“Soy práctico: les resuelvo tres o cuatro problemas en el pizarrón, repito el procedimiento, lo analizan, lo ven. Les escribo problemas semejantes a los que resolví, y entonces ellos empiezan a resolver, viendo el ejemplo que dejé”.

La  Propuesta Metodológica consta de 45 pasos que guían a los profesores en la impartición de la materia. Citarlos todos sería un exceso, pero se puede destacar el número uno: el profesor debe dominar las matemáticas; el cuatro: causar “alegría” al estudiante; el cinco: evitar insultos y castigos, y el 25: alentar a los alumnos a simplificar la solución de problemas en pocos pasos o hacerlo mentalmente.

Cabe preguntarse si este camino de estudio está libre de tropiezos. El mismo Ernesto Navarro asegura que no.

“En el aprendizaje de ciertos temas probablemente entrarán en un estado de confusión, sentirán mareos y tal vez dolores de cabeza… no se deben preocupar. Estos pequeños no desistirán ni rechazarán la matemática, sino que se reirán y persistirán”.

Confiado en la eficacia de su plan, en 2002 experimenta directamente sobre sus hijos, Ernesto junior y Adriana. El primero, apenas adolescente, adquiere pronto habilidades matemáticas similares a las de un estudiante de preparatoria, en tanto que la hija supera a los de su clase y se convierte en su mentora.

De los éxitos obtenidos por Navarro Cumpeán, el más audaz ha sido el curso que impartió a niños de sexto grado de primaria, en 2004.  Ninguno rebasaba los 11 años.

Si bien no llegarían al cálculo integral y diferencial, se apoderan, en cambio, del  álgebra, la trigonometría y la geometría analítica como si fueran juguetes. Entre los niños convertidos en genios pitagóricos están América Azuara, Teresa de Jesús Uvalle, Jesús Colín y Jesús Acosta, quien se distingue por su velocidad mental y facilidad de cálculo.

Esos estudiantes, ahora jóvenes, continúan sus estudios de manera brillante por los campos de la medicina, la ingeniería y la investigación,  gracias a las habilidades transmitidas por Ernesto Navarro, el matemático mayor. En este punto nos filtra una confesión sorprendente.

“Quiero que sepas que yo reprobé matemáticas en tercero de secundaria, y fue la causa de repetir año… Para mí fue una tortura. En la preparatoria, en mi primer examen mensual saqué un dos;  en el segundo, un cuatro, y en el siguiente, un seis. Pero en el semestral saqué  95”.

Le pedimos que explique en tres palabras el prodigio de su transformación, y dijo: “Estudiar, estudiar y estudiar”.

Ahora, a partir de las 5 de la tarde, en un salón facilitado por sus amistades, reúne a un grupo de jovencitos de 12 a 14 años, apenas una docena, y juegan a factorizar, a despejar incógnitas, a calcular catetos. A nadie le cobra.

*   *   *

Desde que se habla de la Propuesta Metodológica entre profesores de matemáticas, Navarro Cumpeán ha sido invitado como expositor en los principales congresos de América Latina.

Sus intervenciones, pactadas para una hora, se extienden a dos por el interés de los asistentes. Al finalizar la presentación, sus colegas suelen pedirle una copia del documento para aplicarlo en sus pupilos, como ha ocurrido recientemente con un profesor de la Escuela de Matemáticas del Tecnológico de Costa Rica.

Navarro Cumpeán se ha vuelto la atracción a seguir en estos encuentros.

En el Congreso Mundial de Pedagogía y Alfabetización 2005, en la Habana, Cuba, recibe un reconocimiento por dictar una de las cinco mejores ponencias internacionales.

Precedido de su celebridad, ha concurrido a los siguientes foros:

Encuentro Latinoamericano de Asociaciones Shalom 2005, en Santo Domingo, República Dominicana.

Congreso Nacional de Matemática 2005, en Acapulco, México.

Festival Internacional de Matemáticas 2006, en Puntarenas, Costa Rica.

Congreso Internacional de Enseñanza de la Matemática y  Computación 2006, en Matanzas, Cuba.

En épocas recientes ha participado en el Congreso Internacional de Educación Superior, en febrero de 2014, en la Habana, Cuba y, en 2017, en el Congreso Internacional de Enseñanza de las Matemáticas asistida por Computadora, organizado por el Instituto Tecnológico de Costa Rica.

EPILOGO

Archivos en mano, con el entusiasmo que paseó por Cuba, Perú, Costa Rica y España, Ernesto Navarro inició la promoción de su proyecto en Tamaulipas. Lo que ocurrió en otros países podría replicarse en su tierra natal.

Primero, se acercó al equipo del gobernador Tomás Yarrington, pero éste se hallaba en su último año, y lo dejó en suspenso.

Después lo presentó al siguiente, Eugenio Hernández Flores, y éste pareció interesado. De ahí  lo remitieron al secretario de Educación en el estado, un comerciante de ferreterías sin ninguna vocación por la docencia, y lo ignoró.

Con Egidio Torre Cantú, el sucesor, hubo cortesía, atención y entendimiento, y recibieron su propuesta. Se pensó en un momento que lo había logrado, pero el gobierno encauzó su único esfuerzo en la seguridad, y descuidó lo demás.

¿Es que en España o Costa Rica saben la importancia de la educación, menos en Tamaulipas? Al filo del desaliento, entregó su proyecto al nuevo gobierno, y lo turnaron con el subsecretario de Educación Básica, Herminio Pimienta Prieto.

Gratamente, Ernesto Navarro encontró en este funcionario a un interlocutor inteligente y preocupado por el tema. A Pimienta Prieto lo pasmaba la mala preparación de los maestros, un problema viejo e irresuelto por años. Pero aquello podía saldarse ya: tenía en sus manos la Propuesta Metodológica de Navarro Cumpeán, de probada eficacia.

Iban a dar los primeros pasos cuando el subsecretario habló ante cientos de maestros, y repudió a la Secretaría de Educación de Tamaulipas para la que trabajaba, por su falta de compromiso. Fue suficiente: el sábado 9 de diciembre, en un mensaje de Facebook, se despidió del puesto.

Aunque Héctor Escobar, titular de la SET, ha dicho que Pimienta Prieto volverá al gobierno, este funcionario no ha querido ver a nadie después del incidente.

Desde entonces, en un cajón de la SET, sigue guardada la Propuesta Metodológica.