El soberano arte de dormir

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Rigoberto Hernández Guevara

Ciudad Victoria, Tamaulipas. – Duerme uno donde duerme. En la sala espaciosa duerme, en el viaje duerme uno un rato. Duermes mientras tanto, en lo que esperas a alguien o a nadie, mientras llega la noche o se acaba.

Duermes toda la santa noche y parte del día. La noche hace brujería, malas artes, éter. Duermes como quiera adrede en el portón de una casa abandonada. En la puerta de una tienda. En un palacio se duerme uno con estrellas. La noche cae pesadamente sobre las rocas, la tierra, causa un tumbadero, bajas, entre soldados propios y extraños. Pasa uno a retirase a la hora de la hora y hay de aquellos que se van para siempre

Duerme uno por un rato, nunca para siempre. Mueres si duermes antes y no eres capaz de despertar y andar por ahí paseando en las plazas viejas.

Duerme debajo de la cama el otro y en la cama se tejen las historias de muchos pueblos. Duermes en la alcoba con el repentino insomnio acechando, duermes en la madrugada un rato. En el silencio, en el sueño roto y estrellado en el techo en el cielo falso.

Duermes porque es lo tuyo, se te da. En el reparto a ti te tocó el abrazo de Morfeo. Duermes en el suelo. Sobre el techo de una casa vecina, has dormido muchas veces escurriendo por escaleras provisionales y temblorosas, duermes la mona.

Dormir es un arte en el lienzo oscuro. La mujer desnuda y el hombre embrutecido busca el cuerpo presente en la abundante esfera de la noche noche.

Hay aposentos para dormir, colchones de agua, marinos colchones, barcos de aguas tranquilas o en brama. Borregos trasquilados por la chinga en las noches de insomnio. Bien que lo sé, hay catres, colchonetas, petates, hamacas, periódicos, cobija dura y seca, terca. Almohada de piedra, de tierra, pasto y concreto, madera, de palo, almohada de sueño.

Al dormir fluye la noche concreta. Quien duerme no está en un castillo real ni en un banco de arena en la playa. Duerme uno entonces en todos los planos y por todas las razones. El sueño repara una falla, un leve deterioro del alma. El sueño recupera objetos largamente olvidados en la memoria.

Duermes y emigran las palomas viejas a morir en alguna parte del alba. Mientras la compañera duerme, tú velas con el corazón en la mano diciéndole te quiero.

A Sansón lo agarraron dormido, dicen. Yo mismo me he dejado crecer el pelo como la noche blonda y prieta. Dormí en las azoteas del amor, del perro amarrado, del viejo lavabo, de la dulce entrega mirando estrellas, quebrando vidrios en el cielo, en los ruidos curiosos y temperamentales de la noche. Dormí sobre las escaleras de subir a la nada.

En su mecedora es un clásico la abuela dormida en la solera. Salió en un almanaque y todo. El fotógrafo fue olvidado y vencido, muerto por el tiempo puntual y exacto sobre su cuerpo. Duerme hacía la ventanilla un fulano en el transporte urbano. Es extraño. Con tanto cráter.

Viéndolo bien dormir es creer en nosotros mismos, confiar en que nos levantaremos al día siguiente para seguir la vida. Así de bonita. Ha sido contante y sabes que de pronto que eso de despertarse será un lujo en algunas ciudades.

Duermes en los bancos de la escuela, en los escritorios, en los excusados del planetario, en los amaneceres, duermes, sobre las rocas luego de dos copas duermes con la hermosa y la besas y es cuando más duermes.

Dormir es el bosque infinito de árboles de paso lento por el tiempo. Sobreviven de ellos el olor viejo de los muebles, los resabios occisos de café caoba. Fuerte, guarecido tallo de vida, tierna exaltación de tierra, tronco de árbol es el sueño sobre la noche. Duerme uno en los frescos patios de olvido.

HASTA LA PRÓXIMA.