Luces altas

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Rigoberto Hernández Guevara

Ciudad Victoria, Tamaulipas.- En este mueble vivo o muero. Como gusten llamarle. Este es mi esqueleto en cruz, estas son mis cuatro paredes.

La luz mortecina de las ciudades son brillantes en una mano. En el fugaz devenir recorre la calle el tiempo. Tiene la noche un pájaro con ramas. Tiene también la noche su propia noche celebrada. Cumpliendo oscuridades.

Las formas que tienen que ver con este dibujo atrapan la mano. Escribo en el árbol de un río. En las rices del agua. Las formas son esquemas y también imágenes negras y blancas.

Hay un zumbido en el aire. La noche se ha metido a las gargantas de los fantasmas. En la nube oscura se escribe un poema. Bajo los espectros de las sombras, las sombras son sus propias sombras.

Voy sucumbido, ligero, aturdido, medioevo. El esqueleto empuja el cuerpo. El viento es un tren callado a lo lejos temblando.

Durante la noche hay un suave resplandor inexplicable, un sonido, una charla en el océano negro. En las trivialidades de esta hora murmura la calle. Este inmueble de cuatro paredes, cubo de hielo, extraño vaso de agua escucha su risa.

De modo consecutivo los relámpagos han roto los cristales. Cada noche hay un dejo de vidrio, cristales caídos al suelo. En el espacio se espolvorea el nudo en la voz, las manos torcidas, los brazos cerrados.

El silencio se arrastra, toca las piedras y besa el suelo a cada rato. En las cuatro paredes aterrorizadas, la humedad, el sinuoso ladrillo, las ventanas cerradas amparan las cortinas. Pulula  pesado en el eco, el formidable sigilo de un gato pardo.

En las palabras hay cuadros de Picasso, sonrientes. Hay Van Gogh, amarillo sombra. El espíritu del niño Chagal y sus cabras azules que vuelan. Veo la noche en un reloj atando cuerdas, descompuesto.

Un resorte salta del suelo pavimentado y sale el gran payaso agitado, sonriente. En el globo se ven las ciudades, los parques infantiles, los amplias carreteras federales. Hay espacios muy pequeños de luz intensa.

Atrás de los altos pastizales acecha la noche. En los edificios cabizbajos se mueve la noche y escupe su fuego de sangre sobre las ciudades violentas. Desde las azoteas de estas cuatro paredes, que me cuide la sombra.

En sus grandes alas, atrás del viento, atrás de la herida, de la grieta, de la reyerta está la noche. Uno camina sobre los vientos. La noche se promueve entre la gente. Me voy quedando despierto en el centro de la noche terrible.

HASTA LA PRÓXIMA .