Acuerdos en lo ‘oscurito’ y mentadas de máuser

0
857

Rigoberto Hernández Guevara

Ciudad Victoria, Tamaulipas.- En México, los candidatos de todos los partidos políticos se enfrentan a un elector sumamente desconfiado. Han sido muchos los años de engaño. Se les ha prometido de todo, todo, y lo poco que queda por prometer lo prometen ahora.
Para cualquier candidato eso es cuesta arriba. Se sube siempre y se va de bajada en muchos casos. Algunas personas están acostumbradas a que en esta temporada hay dinero y van por él, se lo piden al candidato. Son gente necesitada, pero también hay gente que no lo requiere, es el candidato quien lo ofrece a cambio del voto.
Ganarse un voto es duro y difícil, es piedra para moldear. Sin embargo, cuando el candidato surge de entre la gente, sorpresivamente recibe aceptación, a veces porque más vale viejo por conocido, y otras veces por la cercanía particular y la confianza para decirle de todo lo que se requiere, hasta una mentada de madre si se puede.
Habrá la estrategia del convencimiento, el discurso, la palabra adecuada en algunos casos en los que un candidato se prepara, pero esto a mitad de camino, y cuando la contienda va avanzada y se lleva ventaja, es algo en cuyo riesgo está depositada la confianza, pues los peores candidatos son aquellos que se olvidan de su equipo y creen entonces que con una ventaja determinada en la campaña ya la hicieron. Pero fallan. Si algo derrota primero a un contendiente es su soberbia.
Es preciso modificar, y modificar lo modificado una y otra vez. Pues el proceso electoral se adentra y se vuelve angosto. La clientela electoral poco a poco desparece y sólo quedan viejos conocidos que ofertan su voto al mejor postor y por él van tal vez los candidatos más ricos.
Al final de cuentas -lo dicen muchos de ellos-, las cosas en México podrían quedar igual, pues tienen desconfianza incluso del ser mexicano, con nuestra larga trayectoria de corruptos y gobiernos sinvergüenzas.
Por eso prefieren a veces los 500 pesos o los mil por su valioso voto. No los culparía a no ser que por causa de ellos traemos sin rumbo al país.
Un voto bien pensado es un voto que no sólo es de aceptación y confianza sino de entrega y participación. Es un voto al cual se le da seguimiento y se protege.
Un voto razonado privilegia el futuro, pues genera un estado de derecho pleno y de democracia absoluta y definitoria para empezar; aunque la jornada no termina ahí, sino que debe continuar durante el mandato constitucional.
Quienes han fallado en este país, o mejor dicho, quienes en algunas de sus formas han robado al patrimonio de la nación, también arrastraron al averno eso que se llama política.
Ahora es corto hablar de doctrinas o filosofías. Queda el recurso de la palabra y del dinero, contra la conciencia que se enreda y se esconde cuando lo que falta es el billete.
Eso se entiende, se comprende, hay personas enfermas que se están muriendo, que mueren, que batallan para todo, hasta para vestirse, calzarse, salir de casa, comer o beber un vaso de agua sin arrepentimiento.
Con tanto, es difícil para los candidatos convencer a la gran masa del electorado que ahora juega, hace chunga, y se divierte con el teatro que representan los políticos del contexto, encumbrados y baratos, que, luego de ahí, pasarán a formar parte de la fila de servidores de los señores empresarios y del fondo monetario, de las políticas hacendarias que solventan los problemas de unos cuantos.
Por ello es loable ganar una elección limpiamente, sin tachaduras, sin acuerdos falsos o «patitos» que luego se reviertan en tiburones, o cocodrilos amaestrados por los caciques de siempre.
HASTA LA PRÓXIMA.