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Por Pegaso

Reynosa, Tamaulipas.- Se encuentra el padrecito Varquera en el confesionario de la parroquia de Guadalupe. A lo lejos se oye el llanto desgarrador de la Chabelita que se acerca rápidamente.
El padre Varquera intenta escabullirse por la puerta trasera, pero es visto por la beata, quien le dice:
-La Chabela: ¿A dónde va, padre Varquera?
-Padre Varquera: ¡Ejmmm, ejmmm! A ningún lado hija. Pero dime, ¿a qué has venido?
-La Chabela: ¡Ave María Purísima!
-Padre Varquera: Sin pecado concebida.
-La Chabela (prorrumpiendo en un estruendoso llanto y limpiándose las mucosidades con el velo): ¡Ayyy, ayyy, ayyyyy! He caído en el abismo más negro del Infierno, en el Tártaro más profundo y en el más tenebroso de los inframundos…
-Padre Varquera: Pero, ¿por qué dices esas cosas, Chabela?¿Qué fue lo que te pasó ahora?
-La Chabela: Pues qué me ha de suceder, padre, que he caído víctima de los bajos instintos de un ser infernal.
-Padre Varquera: Ya, mira, límpiate los mocos con mi pañuelo y ahora dime, quién es ese ser infernal que mencionas.
-La Chabela: ¿Conoce usted a Ricardo Amaya?
-Padre Varquera: ¡Claro que sí lo conozco! Ricardito Amaya, un joven maravilla que es un ejemplo para todos los mexicanos.
-La Chabela: ¿Ejemplo dice? Si es un ente lleno de perversidad, lujuria y concupiscencia.
-Padre Varquera: ¡No puedo creerlo! Yo siempre lo he conocido como una persona decente, y más ahora que es candidato a la Presidencia de la República.
-La Chabela: ¡Será candidato al infierno! (El padre Varquera le atiza con la Biblia en la cabeza).
-La Chabela: Pero, ¿por qué me pega, padre? Si es la puritita verdad.
-Padre Varquera: Bueno…, bueno, entonces explícame qué fue lo que te hizo Ricardito.
-La Chabela: Ayer que vino de gira a Tampico me apartó de la gente que iba a apoyarlo de todas partes de Tamaulipas. Me llevó a un lugar solitario y me dijo (haciendo los ojos en blanco y la voz gutural): «¡Chabela, mira cómo la tengo!¿Verdad que te gusta?
-Padre Varquera: ¿A qué se refería, hija?
-La Chabela: A qué va a ser, padre. A esa cosota grande, roja y gruesa que le colgaba. Si hasta le brillaba bien bonito cuando se la agarró.
-Padre Varquera: Y tú, como buena cristiana que eres, te retiraste inmediatamente, ¿no?
-La Chabela: ¡Ayyyy, ayyy, ayyyyyyyy!
-Padre Varquera: ¡No te retiraste de ahí? Zorrastra, inverecunda, mala pécora (volviendo a pegarle en la cabeza con la Biblia).
-La Chabela: ¡Ayyy, ayyy! Ya no me pegue, padre. Pues es que me dijo que quería que se la jalara…
-Padre Varquera: ¡Pero qué sinvergüenza! Ahora que lo vea le voy a decir que venga a confesarse y como pago a sus pecados le exigiré que cumpla todas sus promesas de campaña. ¡Ya sabrá de mí ese Ricardito! ¿Y luego, qué ocurrió?
-La Chabela: Pues empecé a jalársela para que le quedara parejita…
-Padre Varquera: ¡A ver, a ver! ¿Para que quedara parejita qué?
-La Chabela: Pues la corbata, padre. Es que Ricardito estaba batallando para hacerse el nudo y me jaló a un lugar solo para que lo ayudara a amarrarse la corbata porque decía que las puntas no le quedaban del mismo tamaño.
-Padre Varquera: Entonces, ¿todo este tiempo me has estado hablando de una corbata?
-La Chabela: Claro que sí, padre, ¿usted qué me había entendido?
-Padre Otero: Nada, hija mía, nada. Ayudar a alguien a amarrarse la corbata no es pecado. Anda, reza dos Aves Marías y un Padrenuestro y vete a prenderle una veladora a San Pedro para que no me dé un infarto.
-La Chabela: ¿No es pecado? ¡Muchas gracias, padre Varquera! Es usted un santo. (Se aleja la Chabela, mientras el padre Varquera se queda en el confesionario dándose golpes de pecho).
-Padre Varquera: Díos mío, si de verdad me quieres, ¿por qué no te llevas a esta hija tuya a repartir volantes en algún crucero de Reynosa?