Fórmula

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Por Pegaso

Reynosa, Tamaulipas.- Tras mi vuelo vespertino por el límpido cielo de Reynosa, luego de las lluvias torrenciales que azotaron la ciudad entre el miércoles y el jueves de la semana pasada, llegué a mi búnker y me puse a analizar las incidencias de la campaña política que está a punto de finalizar.
Será el 27 de este mes cuando los candidatos tendrán su último día de actividades públicas.
A partir de esa fecha no podrán publicitarse o dar a conocer encuestas de ningún tipo. Si lo hacen, vendrá un multón del ocho o el frescobote.
Pienso, sin embargo, que los diputados federales tendrán que trabajar muy duro a partir del siguiente período legislativo para modificar o en su caso reglamentar algunas situaciones de las que pude darme cuenta.
Por ejemplo, las encuestas.
Vi en las redes sociales y aun en medios impresos y televisivos de prestigio cómo los partidos políticos, todos, manipulaban a su antojo las cifras estadísticas arrojadas por encuestadoras patito. Son de esas encuestas que se realizan a petición del interesado.
La Ley Electoral debe penalizar ese tipo de prácticas porque sólo inducen a la confusión. No se vale decir que son encuestas «estratégicas» porque no corresponden con la realidad.
La realidad es que desde el arranque de las campañas, hoy hace casi tres meses, el candidato de izquierda, Andrés Manuel López Obrador empezó con ventaja en las verdaderas encuestas de intención del voto, esas que están reguladas y que siguen criterios científicos para obtener resultados creíbles.
Vi un golpeteo increíble, como nunca antes se había observado en una elección, en contra de un puntero. Guerra sucia planeada por especialistas internacionales.
Se recordará aquella frase que decía: «AMLO es un peligro para México» ya utilizada en el anterior proceso electoral, y reciclada al principio de éste.
Más adelante se buscó la forma de «probar» la intervención rusa a favor de ese candidato, pero sólo sirvió para que ganara puntos y ampliara la diferencia.
Los tres debates los perdió El Peje. Salió vapuleado porque no dio contestación a algunas de las acusaciones serias que le hicieron sus oponentes, como las fotografías mostradas por Ricardo Anaya donde aparece con su constructor favorito, José María Rioboó, echando pestes contra el nuevo aeropuerto de la Ciudad de México porque no le dieron el contrato.
Escándalo tras escándalo, AMLO salía fortalecido, y sus oponentes desesperaban.
Ya en las últimas semanas de campaña, tanto José Antonio Meade como Ricardo Anaya se contentaron con disputar el segundo lugar y tratar de sacar la mayor cantidad posible de diputados para hacer contrapeso a López Obrador, si es que lo dejan llegar a la Presidencia de la República.
Las preguntas que flotan en el aire son: ¿Cómo diablos le hizo AMLO para conservar y ampliar la ventaja? ¿Por qué en cada ataque y en cada escándalo que le descubrían en lugar de bajar en las preferencias electorales subía? ¿Tiene pacto con el chamuco?
¡No!
Lo que pasa es que hay una técnica sobradamente comprobada: La técnica del charlatán.
Ya lo he analizado en una anterior entrega y no pienso hacerlo nuevamente.
Basta decir que el cuarto candidato, Jaime Rodríguez «El Bronco» también la puso en práctica, pero AMLO ya le llevaba una gran ventaja temporal.
Según la encuesta de Arias y Asociados, «El Bronco» pasó de un modesto 1% al iniciar la campaña a un respetable 6% a unos días de cerrarse el período de proselitismo.
Tal vez si «El Bronco» persiste en su afán de llegar a la Presidencia de la República sin perder ese toque charlatanesco, pueda ser el AMLO de las siguientes elecciones federales del 2024 y en el 2030. ¿Por qué no?
Quedémonos con algo chingón, la frase estilo Pegaso: «La prejente porjión de jereal projedente de la planta nominada Orija jativa entró en cocjión». (Ejte arroj ya je cojió).