Paraíso es pasar por donde no vemos

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Rigoberto Hernández Guevara

Ciudad Victoria, Tamaulipas.- Se habla con la voz de un naufragio de nubes en la oscurecida tarde. El sol se defiende con sus brillantes espadas y huye. La noche no deja de llegar. Hay una región del alma cerca del paraíso, pero también es una vieja plaza, dos labios hablándose.

El paraíso es un ave. Un arrinconado momento en el huerto.

Paraíso de nubes, noche de lluvia, se cae el cielo, alguien mueve una mano, la sostiene, el agua comienza a latir en el cuarto. La noche es un largo sendero. La noche se adentra, moja la cara, los cuerpos, alguien, uno de los dos, dijo te quiero.

Se ha quedado afuera del paraíso la otra mano y una queja larga en un zapato que no alcanzó a quedar de última hora. un pasajero reloj detenido que comienza a vislumbrarse atrás de un rato.

En un lugar del alma existe el paraíso. No muy bien nos acostumbramos a verlo, con lo ciego que a veces somos. No obstante estalla.

El paraíso desde ese sitio inexplorado es el primer versículo que habla del amor. Luego el alba, como el génesis en la Biblia, descubre los cuerpos desnudos y expulsados del sueño.

El paraíso existe, pero aun no es eterno. Uno busca los momentos claves, los claroscuros, las texturas de la vida que emocionan al alma. Pero a veces el alma se conforma con sobrevivir. Y muere.

La sonrisa es en sí misma un paraíso, pero, ver más allá de la atmósfera que la envuelve, nos integra y nos ilumina. Fuera del paraíso la risa infalible conduce a otra risa. Es lo mismo, pero no es igual.

Afuera del paraíso es al revés. Las palabras textuales obedecen al consabido interés por mover y conmover. Estar ciego es ver.

Un pensamiento es el paraíso dejado caer de plano. Un rostro sereno que se extraña. Una mirada clave y profunda, una mano llana como arena, como un suave desierto escrito.

El paraíso es el punto exacto, la delgada línea de cristal que no sangró. Un leve latido, como el último. Un cigarro a mediodía, la eventualidad incomprendida, el trabajo mismo detrás de un biombo.

Es el primer versículo del amor un espacio en los ojos. La soledad hiere la luz que como nosotros busca compañía en los objetos. La pinturas son las miradas. Cada instante devela el cuadro de un pintor vanguardista.

El paraíso suele ser una barda, un espacio iluminado por las rejillas de una lámpara led. La calle es un desperdicio de paraíso. Desde lejos se asoma otra calle, las personas cruzan como en la vida, otras corren. El paraíso es por donde caminas, pero sin zapatos. Es pasar por donde no vemos.

HASTA LA PRÓXIMA.

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