Misoginia

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Por Pegaso

Reynosa, Tamaulipas. I.- “Ayer se me acercó una niñita con un teléfono de su papá escuchando una canción donde decía que se la iba a llevar a coger a un motel y que bajarle los pantalones y los calzones también… y la niña estaba bien feliz, escuchando eso… se la van a llevar en un motel y le van a bajar los pantalones y los calzones también. ¿Tú qué crees que va a ser esa niña? Pues lo que le están enseñando sus papás. Y a ustedes, mujeres, les parece supergracioso. A mí no me asusta de los hombres. Un hombre puede decir lo que sea, lo que sea, si yo se lo permito, y una mujer también puede hacer lo que sea si yo lo permito, pero, ¿cómo permitimos que unos niños, o tu hija, o tu hija, o la tuya escuchen algo así tan denigrante…? Y luego, todavía reirnos: «¡Ja, ja, jaaaa! Sí, que se vuelva bien puta mi hija, ¿no?» ¿Eso es lo que queremos? Yo no sé. ¿Y tú me preguntas si los valores? Esas son las canciones que a ustedes les han hecho creer que son las que hay que escuchar para reirse muchísimo de las mujeres. Hay que reirse muchísimo y luego violarlas y llevarlas a los moteles. No. Yo creo que hay que sembrar un árbol, hay que educar a los niños. Yo creo que si un niño se encuentra una moneda hay que buscar de quién es, en lugar de decirle: «¡Chíngatela!» (Susana Zabaleta, en entrevista con medios de comunicación de Chihuahua).

II.- «Ya no sé qué hacer,
no sé con cuál quedarme.
Todas saben en la cama maltratarme.
Me tienen bien, de sexo me tienen bien.
Estoy enamorado de cuatro babies,
siempre me dan lo que quiero,
chingan cuando yo les digo,
ninguna me pone pero.
Dos son casadas,
hay una soltera,
la otra medio psycho y si no la llamo se desespera».
(Maluma, Cuatro babies).

III.-«Eres como una baraja, caraja,
por eso mi amor te deja, pendeja,
por eso mi amor te olvida, cabrona,
jodida, malagradecida».
(Banda Calibre 50, El Tierno se fue).

IV.- «Cuando eres una estrella, (las mujeres) te dejan hacerles cualquier cosa. Agarrarlas por el coño. Lo que sea.» (Donald Trump, 2005).

V.- «Sarah siempre se había dedicado a eso en plan de aficionada, y a los veinte años se casó, con lo que obtuvo la licencia. Para remate, el matrimonio se celebró en una iglesia en presencia de familia, amigos y vecinos, puede que incluso tuviera a Dios como testigo, ya que, desde luego, Él estaba invitado. Iba toda de blanco, aunque ciertamente no era virgen, dado que estaba embarazada de dos meses y no del hombre con quien se casaba, el cual se llamaba Sylvester. Ya podía convertirse en una profesional, contando con la protección de la ley, la aprobación de la sociedad, la bendición de los clérigos y el apoyo económico garantizado por su marido.» (Patricia Highsmith, Pequeños cuentos misóginos).