Escombros de agua

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Rigoberto Hernández Guevara

Ciudad Victoria, Tamaulipas.- Si hay agua quieta, traigan; al otro lado del puerto el pasaje es oscuro con marineros con los ojos en blanco.

En un cabo suelto a la orilla del océano, los fanfarrones ríen en las plazas. La noche cose el dolor con la espalda en una plancha de hule.

El viento se tuerce. Si hay silencio enmudezcan, la carga es espesa, el pez piensa fuera del agua.

Hacia los lados, la lluvia desenvuelve un papel escrito a mano. La noche cae comoquiera sobre las almohadas. Las nubes escapan a las sombras.

Retiro la piedra, el primer impulso es correr, luego viene uno solo de donde se ha tropezado, maldiciendo. La noche cae comoquiera. Comienza la lluvia.

En marcha por el mundo los postes de luz. Un cableado delimita las calles pautadas, devuelve la pose mirando la luna, lo peor es una calle que espera, un pozo increible. Detrás de la mano, escarcha el ruido misterioso del granjeno.

Entre nosotros nada sabemos, ignoramos quién pisará el terreno de al lado, dónde escarbarán, en qué caja guardarán el cuerpo dibujado en la ropa.

Gotea a desniveles, baja en laderas muy pequeñas, en piedras pequeñísimas, moja la espalda sin rodeos.

El agua moja los zapatos incluso, los calcetines respiran la humedad muy cerca del cosmos. Erarece el ambiente un poco de lluvia adentro de los lentes.

Así, todo concuerda perfectamente, arriba, desde los techos, el agua facilita la vida llenando cubetas. Por todas partes comienzan a llegar las gotas en marcha, en procesión de monjes, locos y guerreros uniformados.

Afuera el campo de batalla es arrasado. Se asoma uno y hay vapor, desde luego puedes dormir a todas horas y el agua no quieta cae en pedazos de agua, a botellazos.

En el escombro de mar, en las paredes de las orillas se recogen los planos de la tarde, es temprano aun, dice una palmera. En un café solitario se asoma una película vieja. En los estantes sin galletas se trama el olvido.

Más que vivir me evado, en un puente soy barandal flojo, retenido por un milagro prodigioso, por un prodigioso segundo.

Pienso en el agua. En las rejillas cristalinas cayendo en otras partes. El agua es escalera que baja entre episodios brevísimos que caen también sin agua.

HASTA LA PRÓXIMA.