Las tortillas y Andrés

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Rigoberto Hernández Guevara

Ciudad Victoria, Tamaulipas.- No sé por qué tengo la impresión que el país dio vuelta para quedar donde mismo. Con razón los gringos están muy tranquilos. Si este país cambia de veras, dejaremos de ser el patio trasero y se chingan ellos.

Ojalá no sea cierto este presentimiento. Desmiéntanme. Ojalá me despierten de este mal sueño y vuelva a escuchar las palabras elocuentes de Andrés Manuel Lopez Obrador hablándole a la gente con sus propuestas eternas.

Hay que ir por la gente más pobre, y no darle migajas. Haciendo realidad lo que prometió en la campaña.

Los corruptos, los mafiosos, los que iban a ser encarcelados por ratas, por corruptos, ahí andan. Pocas ganas tienen de irse. Quieren mamar y dar topes.

Esto, porque al parecer no serán enjuiciados sino todo lo contrario: premiados. Y hoy salen en la foto con el presidente electo, se visten de guayabera, de fina manta, se mimetizan como él y los gobernadores de los demás partidos, copian la sonrisa, el sereno semblante a Andrés Manuel. Sonríen en la foto, y también sonríe él. Y lo que siempre se ha dicho: «en política, la forma es fondo».

El país sin idelogía pronto será víctima de su eterna ignorancia, su apatía y el endiosamiento de sus gobernantes.

Ojalá AMLO no se endiose. Ojalá deje que la gente decida. Es muy bonito el poder y marea a la gente, alguien lo puede notar.

El problema de este país es que no nos han dejado elegir. Quiera Dios que el país se abra a la participación ciudadana.

La gente puede arrepentirse y volver a cambiar, la gente puede cambiar el país todos los días si esto es menester. Podrirse, si este fuese su deseo. Pero hay que dejarlo.

Meter las manos por la gente es también intervenirla, estropearla, estorbarle. Incluso conducirla es también mandarla al infierno.

Hay que apoyar las demandas más sentidas de la gente, que no las anden mendingando. Si realmente conocen los problemas, a qué esperar que se levante a reclamar sus derechos ante las necesidades más apremientes. En la coadyuvancia del gobierno que eligimos, eso esperamos.

Nosotros sólo esperamos el cambio, nos han hecho producto de éste. Aguardamos en la incertidumbre, en la más cruel de las esperas. El no saber si la hiciste o te friegas.

Muchos que anduvieron en las campañas, pregonan una oportunidad, los he escuchado a las afueras del partido MORENA. ¿Dónde quedarán ellos comparados con los gandallas de la mafia que se enquistó, y el resto de íconos del priismo?

¿No que Andrés Manuel los defenestaba de su paraíso?

Habrá que empezar a hablar de democracia, de democracia definitiva y no falsa. No hay que dejar pizcacha, cochupo, moche, porque da lo mismo. No hay que permitir influyentismo, amiguismo, compadrazgo, porque sino entonces de qué estamos hablando.

Y sin embargo, también noto con agrado que mucha gente esta dispuesta a seguir luchando por un país moderno y democrático. Un país de leyes, y no un estado fallido, de un verdadero cambio. Hay que apostarle a ellos. Son los más jóvenes.

¡Vamos, a pesar de todo!, nosotros podemos definir de qué tamaño queremos este país.

Lo que se ve es la misma tortilla, pero volteada, donde no se ven las quemadas.

Si te asomas por abajo, ahí están los gandallas, como en el recurrente cuento de Monterroso: «Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba ahí».

HASTA LA PRÓXIMA.

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