Mi ‘Mil turnos’

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Luis Torre Aliyán

Cd. Victoria, Tamaulipas.- Siempre había creído en una frase de Walter Benjamin, que dice: “Quien pregunta a un adivino cuál será su futuro, sin querer ignora una intuición interior de las cosas por venir, que es mil veces más exacta que cualquier cosa que el adivino pueda decirle”.

Hoy, con tristeza les comparto que ya no creo en ella.

Hace tres meses, en plena campaña electoral, se incorporó a trabajar conmigo, cerca, Manuel de Jesús Reyna, a quien cariñosamente apodé: Mi “Mil Turnos”.

Manuel se ganó a la buena el apodo, porque este abogado amigo acudía con relativa regularidad a un restaurante donde él laboraba como mesero y, ahí, una noche, que bien atendía la mesa -como siempre- en la que me encontraba, lo “caché” bostezando en reiteradas ocasiones en un espacio corto de tiempo.

Ante ello, le pregunté en tono amistoso pero burlón: “¿Qué güey, te estás quedando dormido o qué?” Y después de la sonrisa genuina y sincera que lo caracterizaba, me confesó sobre las múltiples actividades que hacía, desde tiempo atrás, para salir adelante. Desde esa vez nunca dejé de llamarle, en tono de broma: Mi “Mil Turnos”.

Un joven de apenas casi 21 años, cuya madurez era de admirarse, y qué decir de su deseo de superación. Tenía hambre de aprendizaje. Y, como si fuera el destino, me acuerdo pensé, justo se abría en mi camino el espacio para alguien de su perfil, y acordamos laborar juntos.

Por las responsabilidades propias de su trabajo, nos tocó convivir mucho, pa’ arriba y pa’ abajo, para Victoria y para Tampico, y hasta a Palmillas un día fuimos a dar.

Desde la campaña del Doctor Xico, estuvimos siempre juntos, siempre responsable, siempre eficiente, siempre un gran ser humano, en toda la extensión de la expresión. Él estaba dispuesto a aprender y no se daba cuenta que era yo quien aprendía de él.

Un día antes de su accidente en la moto, le dije que lo iba a apoyar con sus inquietudes, en la medida de mis posibilidades, claro; que contaba conmigo.

Con su luz, además, rápidamente se ganó también el corazón de mis compañeros colaboradores en Torre Abogados. Tristeza, es lo que se respira en la oficina.

Me enseñó hasta al final: No le asiste la razón a Walter Benjamin en esa frase. Aquí ni la intuición ni el adivino juntos hubieran advertido lo que estaba por venir.

Descansa en paz, estimado Manuel. Los que nos quedamos un rato más por acá, estamos seguros que tendremos un angelote de día y de noche, pues será “Mil Turnos”.