Xico, la dicotomía de un alcalde

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Antonio Arratia Tirado

 

Cd. Victoria, Tamaulipas.- El municipio de Victoria está ‘gobernado’ por una marca y no por un alcalde.

En teoría -de acuerdo con su acta de nacimiento y por voluntad de sus padres-, quien debería gobernar Victoria se llama Xicoténcatl González Uresti.

Empero, en la práctica, las mujeres de su casa que en la práctica cogobiernan con él decidieron ahondar más en las dicotomías del alcalde y, de un plumazo, le cambiaron el nombre.

Ahora es Xico, una marca, un personaje y no el Xicoténcatl González Uresti que fuera presentado en sociedad.

La orden bajó hasta el área de producción de boletines, donde a veces se olvidan de ello y pasan por alto la instrucción de las mujeres que mandan en la alcaldía y en casa de Xico.

Ese hombre que un mes de junio nació en Torreón, Coahuila, se bajó del caballo que le sirvió de vehículo en campaña y entró a la alcaldía de Victoria con las sandalias de zumba bien puestas.

Botas y sandalias, la otra dicotomía del alcalde, del hombre de a caballo que llegó vendiendo espejos, con el cuento de que a partir de él y de nadie más vivir en Victoria sería como vivir en el eterno paraíso.

Pero… maldita realidad.  Maldita naturaleza humana. Maldito poder.

Victoria atraviesa por una de las crisis más severas de su historia porque ya domina el hambre-hambre, sí el hambre de comida.

La de Tamaulipas es una capital donde sus habitantes están muriendo en abonos chiquitos, en abonos de miedo y de angustia, algo que terrible y paradójicamente se vende como una ganancia porque los otros, los del diario, ya se murieron de una sola vez y para siempre.

Pero Xico, la marca, el producto que salió chatarra, se atreve a decir con desparpajo que eso no es cierto, que le consta que es falso porque el “Día de los Muertos” él mismo atestiguó en el panteón una asistencia de unas seis mil personas que, con velas y alegría, celebraban a sus familiares fallecidos en un ambiente de paz y tranquilidad, no obstante las altas horas de la noche.

-Ya recuperamos la confianza, aunque no quieran verlo -dijo el alcalde vuelto dicotomía.

Eso dice la marca, el producto que solo es capaz de reconocer los muertos que ya están enterrados pero no los cadáveres que un día y otro también aparecen sembrados en donde sea que se les aparezca la mano asesina que arteramente les mandó al otro mundo, quizás a un mundo donde no se necesiten ni el agua ni la comida, que escasean igual que cuando estaba Oscar Almaraz, un gobierno municipal en el que también sobraron los muertos y los gandallas.

Ese es Xico, el Quijote chafa que con sus puñales despuntados asesina parquímetros ya muertos desde “endenantes” y cuyos cadáveres son colocados como parte de la escenografía dispuesta para el lucimiento de la marca, del personaje.

Convencido de que ganó la elección como candidato del PAN, PRD y MC, convertido en producto chatarra por obra y gracia de los “genios” que medran de los dineros ajenos, Xico, el hombre que llegó de Coahuila a conquistar la tierra de ignaros que es Tamaulipas se perdió en las primeras brechas de su mandato y empezó a creerse el iluminado, el enviado por los dioses del Olimpo.

Calificar a un gobernante por las primeras semanas de mandato pareciera injusto y subjetivo, pero más injusto es atestiguar la mutación de una persona que justamente en los primeros días de su gobierno vuelve paraísos los infiernos y construye obras imaginarias sin dinero y sin proyecto, pisoteando con botas y sandalias las esperanzas de una comunidad hambrienta y angustiada, cuyas necesidades gravitan muy lejos de los ojos de los gobiernos federal y estatal.

Ese alcalde que un día se le ocurre volver peatonal la calle Hidalgo y luego es advertido por los comerciantes que promoverán un amparo para evitarlo.

Ese, que apenas este jueves dijo que ya invirtió 30 millones de pesos en Victoria.

Ese, el Xico de los ‘youtubers’ chafas que se bajó del caballo, se quitó las botas, se calzó las sandalias de los amantes de la zumba y se dispuso a cogobernar el municipio de Victoria.

Lo más grave es que lo antedicho es casi nada con lo que en realidad subyace en la oscuridad en la que se mueven los amantes del perverso juego del poder, al que como arrimado fue invitado el alcalde de Victoria y quien al parecer, llegada la hora, engullirá de una tarascada la mano que generosamente le dio de comer.

Pero, como decían nuestros mayores -que no solían equivocarse- “no tiene la culpa el indio sino quien lo hace compadre”.

A menos que ese compa azul que habita en Palacio de Gobierno sea el titiritero que ya se haya cansado de manejar los hilos del títere que de pronto se sintió jefe y ahora intente irse por la libre.

LA DEL ESTRIBO

A propósito de la presidencia municipal de Victoria, ya está identificado uno de los autores del “fuego amigo” que desde hace unos días empezó a lapidar la estructura política y administrativa de Xico. Identificar al autor intelectual sería mucho más sencillo…

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