Entre el ‘fara-fara’ y la nostalgia

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Max Ávila

* El columnista es autor de las novelas “Erase un periodista” y “Rinconada, la historia prohibida del maestro Ricardo”, y Premio Nacional de Periodismo 2016.

Cd. Victoria, Tamaulipas.- Elba Esther Gordillo se declara lista para rescatar la dirigencia del SNTE. Objetivo difícil de alcanzar y pue-que hasta imposible, opina el columnista, por obvias y sobradas razones.

Entre otras, la organización no es la misma de hace seis años cuando fuera aprehendida y recluida por instrucciones de Peña Nieto (fielmente acatadas por el ex procurador Jesús Murillo Karam quien una mañana en Los Pinos dijo al presidente que existían suficientes pruebas para enjuiciar a “la maestra”).

Y no es la misma digo, toda vez que sus integrantes fueron severamente dañados en su dignidad personal, y castigados y humillados en su relación laboral que los ubicó casi, en calidad de indeseables para el gobierno neoliberal.

Despreciado, el magisterio soportó la imposición de Juan Díaz de la Torre, un dirigente mediocre a quien tocó realizar la vergonzosa tarea de someter a sus compañeros, mientras las autoridades hacían lo propio, reprimiendo y aterrorizando al gremio.

Pero además, imponiendo una “reforma” que no solo excluía al maestro, sino lo presentaba como el más desleal e inútil servidor público, cuando es todo lo  contrario.

En este sentido la Gordillo poco o nada pudiera hacer, considerando que su regreso está marcado por  la venganza y el rencor. Para ella sigue siendo prioritario el poder, solo que ahora las reglas han cambiado.

No entiende que el magisterio no la necesita para maldita la cosa. Y es que los maestros tratan de superar la pesadilla padecida durante muchos años y que ella ayudó a construir, cual operadora que fue de regímenes anti-sindicales.

Elba Esther fue seleccionada por Carlos Salinas en abril del 89 para dar golpe de estado a Carlos Jonguitud Barrios. Y permaneció en el trono 24 años. Antes el ex presidente lo había hecho con Joaquín Hernández Galicia en el sindicato petrolero, colocando en su lugar al más dudoso que encontró a la mano y que no fue otro que Romero Deschamps.

La lideresa no tuvo la suerte de éste último, quien pese a todo, aun es capaz de negociar su impunidad y por supuesto la riqueza personal cuyas evidencias se han convertido en escándalo público.

De manera que iniciada la Cuarta Transformación, las reglas cambiaron. Sea que el gobierno no tiene ya ni sindicatos ni líderes favoritos. Y hacia el interior de las organizaciones lo que cuenta es la democracia.

EEG no dispone de los recursos oficiales del pasado y seguramente no utilizará los propios para realizar “la grilla” a la que está acostumbrada.

En concreto, Elba Esther Gordillo no tiene futuro en el SNTE y más valiera reconciliarse consigo misma. Esto incluye atender a sus nietos y consumar otros planes personales, dentro de los que, según lo publicado en algunos  medios de comunicación, se encuentra su nueva situación civil.

LA TROVA DEL NORTE

Mientras tanto dícese que Enrique Meléndez Pérez y Luis Humberto “el oso” Hinojosa Ochoa, fungen, ¿o fingen?, como operadores en Tamaulipas de la Gordillo, tanto que anuncian su próxima visita que podría resultar reprobatoria y hasta no grata, por no llamarla “ingrata”.

¿Qué debe el magisterio tamaulipeco a EEG fuera de liderazgos de dudosa solvencia (con sus honrosas excepciones)?.

A lo mejor solo un montón de frustraciones.

A Luis Humberto por ejemplo, acá se le conoce más como funcionario que como dirigente sindical. No olvidéis que su historial lo hizo en Nuevo León y a  estos andurriales solo llegó a cosechar fama ajena.

Nada que ver tampoco con sus sueños artísticos. (Pareciera que algunos ex funcionarios encuentran en las oficinas de Educación suficiente audacia y pue-que también inspiración, para grabar discos con la discreción al menos, de que solo circulen entre amigos).

Sucedió a Toño Martínez pero también a “el oso” Hinojosa. De éste último, existe uno de estilo regional (“fara-fara” pues), titulado “Rodando Caminos”, nombre de una de las canciones interpretadas, bonita por cierto, que el escribidor encontró en un expendio de libros usados y curiosidades.

Hay otras melodías en la misma obra que dan que pensar: “Al corazón le vale”, Llorar, llorar”, “No vale la pena”, “Ando que me lleva la tristeza”, etc.

Claro que ni Toño ni Luis Humberto nacieron para cantar. Se agradece por ello, que tampoco obliguen a tomarlos en serio.

En cuanto a Meléndez Pérez, de quien no se sabe que haya grabado disco alguno, aunque sí existen explicaciones por las que optó por la ruta crítica hacia la organización.

Esta es otra historia.

SUCEDE QUE

Jorge Ramos es buen periodista que demerita su exagerado protagonismo. El viernes anterior el palacio nacional le pareció pequeño como escenario de su presunta superioridad sobre los presentes, quienes le dieron una muestra de respeto y tolerancia.

Este México ya no es el que abandonó hace años para radicar en Miami. Ya cambió, ojalá lo entienda.

Y hasta la próxima.