Fueron a la guerra sin armas

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Felipe Martínez Chávez

Cd. Victoria, Tamaulipas.- Nos quedamos cortos en el pronóstico de que esta sería una elección con baja concurrencia a las urnas. Fue algo atípico, nada ordinario.

La experiencia y análisis de los factores nos daba una viabilidad de entre el 38 y 40 ciento. Acudieron el 33.

En los comicios del 2010 para renovar ejecutivo, legislativo y ayuntamientos se registró una concurrencia del 48.3 por ciento. Votaron un millón 99 mil personas.

Lamentable pero hay que decirlo con crudeza, esta vez votaron 868,650.

Para 2013 -ayuntamientos y diputaciones- el porcentaje fue igual pero con un millón 211 mil votos (mayor padrón).

En 2016, cuando por primera vez se dio la alternancia estatal, votaron el 56.4.

De más antes: Los votos para diputados en 2007 alcanzaron el 48.8 por ciento; en 2004 el 51.4; 1998 sufragó el 55.5  y en 1995 el 63.4.

Decíamos que tiempo atrás la gente votaba más, ya fueran intermedias o incluidas la gubernatura.

Después de saber que en Tamaulipas la participación ciudadana fue de una tercera parte, la jefa del IETAM se consuela con decir que en Quintana Roo, también para renovar el legislativo local, votó el 22 por ciento de la lista nominal.

Otro consuelo para la señora Quintero Rentería es que en Baja California, a pesar de ir por la gubernatura, asistieron el 29.5.

La excepción de la regla fue Durango con el 45.3 por ciento en la elección de sus ayuntamientos.

Hay algo que falta por decir: Tenemos que acostumbrarnos a que el respetable acuda cada vez menos a las urnas. La gente ve la política  muy lejos de su alcance.

Echamos la culpa a partidos y sus candidatos, que no supieron despertar el interés ciudadano, ya sea por sus propuestas o plataformas. También a los árbitros por no prestarle atención al tema.

Es una gran pena que, en la elección del domingo en esta tierra cueruda, ciertas casillas registraran una concurrencia de votantes del 25 por ciento ¿cuándo lo habíamos visto? Nunca.

Fue el caso de la 535, extraordinaria 1, contigua 1, de Matamoros, distrito 12. Si el total de la lista nominal es de 631, solo unas cuentas moscas se pararon a la mesa.

Lamentable que la candidata del PAN, Ivett Bermea Vázquez, haya ganado con un total de 12 mil votos ¿se atreverá a ocupar el asiento en el Congreso?. El padrón de ese distrito es de 120 mil.

Siguiendo con el análisis del 2 de junio, el triunfo con la más baja votación es el distrito que se adjudica Morena, 11 de Matamoros, con 9 mil 667 sufragios ¿tendrá el valor Leticia Sánchez Guillermo de ir a rendir su protesta el próximo uno de octubre?. Me temo que sí.

 

Hay una realidad: Los ciudadanos ven a nuestros legisladores como algo inútil, improductivos, buenos para nada, que solo se reúnen para levantar el dedo y cobrar sin trabajar. En la jerga popular son los clásicos haraganes (y haraganas por aquello de la igualdad de género).

El candidato con la más alta votación es Enrique Liceaga Pineda, del distrito 16 con cabecera en Xicoténcatl. Le dieron su aval 36 mil 810 ciudadanos que representan el 62.4 de los emitidos.

Pero en el 2016, en el mismo distrito, Pedro Luis Ramírez Perales, azul también, cosechó 44 mil 500 votos ¿qué sucedió?.

Después de Liceaga, el segundo lugar en sufragios es para Rosa María González Azcárraga, del 22 de Tampico con 24 mil 348 votos. La tercera más alta corresponde a El Mante, distrito 17, donde la candidata de Acción Nacional, Sonia Mayorga López, se alzó con 26 mil 153 cruzas a su favor, que representan el 54 por ciento.

Entre más analizamos pormenores encontramos más “novedades”.

El ejemplo: Distrito 13, San Fernando, los votos nulos sumaron mil 667, una cantidad superior a la clientela de varios partidos “chiquillos” juntos.

Los votos por candidatos no registrados sumaron 15 mil 498 que son más de los clientes que presume el PRD, 11 mil 223, y poquito abajo de la cosecha del Verde, que llegó a 15 mil 560.

Un fuerte motivo para el desánimo ciudadano es la restricción de presupuestos. No se permite que los candidatos dilapiden a manos llenas y a ojos vistas. Los árbitros procuran la equidad en la contienda.

Algo deberán hacer los actores para la siguiente elección, dentro de dos años. Si multiplicamos el gasto del IETAM, junto con los subsidios a partidos, nos damos cuenta que “no es negocio”. Costó demasiado cada papeleta cruzada.

El ganador de la elección es el PAN. Demostró ser el mejor organizado, el que cumplió con la última etapa de la campaña, el cierre, que es la movilización de la gente hacia las urnas. Se lleva el premio y tendrá el control del Congreso del Estado.

Dejar prácticamente en “zapato” a sus adversarios fortalece al jefe político para futuras empresas. Sin duda en 2022 tendrá mano a la hora de designar al candidato a sustituirlo. Incluso podrá exigirlo con los números de ahora. Si fue eficiente, nadie está en condiciones de reclamarle.

Su proyecto se consolida  no solo en la entidad sino más allá de ella si, como se dan las versiones, va a pedir su parte de la epopeya: Juego por la presidencial.

Es una victoria para él, no para el presidente del partido Francisco Elizondo  Salazar aunque éste, de paso, podrá retirarse con la frente en alto sin haber sido el artífice de los triunfos.

Mientras tanto los morenos se lamen las heridas, echan culpas y hablan de reorganizarse. Aceptan que no son un partido, que no tienen comités distritales ni municipales, que apenas lo van a hacer. No dieron recursos a sus candidatos y ni siquiera completaron la lista de “casilleros”, a pesar de que ahí se les fue el prespuesto.

Como quien dice, fueron a la guerra electoral sin armas, solo encomendándose a Diosito.

Así las cosas, en Matamoros comenzó el recuento “voto por voto casilla por casilla” en los tres distritos que corresponden. Pudiera haber sorpresas.