Viejitos

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Por Pegaso

Reynosa, Tamaulipas.- De pronto, todo mundo empezó a subir a Facebook sus fotos de viejitos, tratadas mediante una aplicación llamada FaceApp.
Desde acá, desde mi cumulonimbus favorito, me río y me carcajio viendo las caras de pasa de mis compañeros reporteros, quienes ya no tienen qué hacer un esfuerzo de imaginación para ver cómo lucirán dentro de algunos cuantos años.
Yo no quise hacer la prueba, porque si actualmente me veo bello y esbelto, no quiero verme como un cuaco de carretón de Las Calabazas.
Envejecer, pienso yo, debe ser un proceso que se toma con filosofía. A final de cuentas, es la ley de la vida y poco a poco notamos que nuestras fuerzas ya no son las de antes, que las proezas que realizábamos de chavos ahora difícilmente podríamos ejecutarlas.
Hay quienes, sin embargo, se resisten a llegar a la edad de la momiza, y es hasta cierto punto, natural.
Famosa es la frase aquella que dice: «Fulanito anda en su segundo aire», con lo cual se refieren a que un vejestorio se siente nuevamente como chavo de quince años, se viste con camisas ajustadas, se peina con «moco de gorila» y se pinta las canas. Todo eso para tratar de impresionar a las curvilíneas veinteañeras.
Por eso mismo, aquí les presento algunos chascarrillos relacionados con la tercera edad, que espero gusten a mis dos o tres lectores:
-Llega una viejita a la farmacia y pregunta al dependiente: Joven, ¿qué tiene para las canas? Y le responde al aludido: Un gran respeto, señora, un gran respeto.
-Oye, Pepito, le dice la mamá al precoz infante, ¿quieres que te ayude a hacer pipí? No-contesta el párvulo- prefiero que me ayude la abuela. (Nota de la Redacción: La abuela tenía Parkinson. Abusadillo el chamaco).
-Era un tipo tan viejo, pero tan viejo, que en lugar de espermatozoides tenía espermatosaurios.
-Se encuentran dos tipos en la calle. Uno le dice a otro, preocupado: No sé qué hacer. Mi abuelo se come las uñas todo el tiempo.
Le contesta el otro: El mío tenía el mismo problema, pero pudimos resolverlo. ¿Cómo?-le pregunta el primero. Pues fácil, ¡le escondimos la dentadura postiza!
-Dos viejitos se conocen en el parque. Uno de ellos le pregunta al otro: ¿Cuántos años tiene? Ochenta y pico -le responde. ¡Uhhh! Pues yo apenas tengo setenta y ya no pico.
-Don Geroncio va al médico y le dice: Doctor, estoy algo preocupado porque ya voy llegando a los cien años y todavía persigo a las muchachonas. Le contesta el galeno: Pues sí, es un caso insólito que a su avanzada edad aún tenga alta la líbido, pero, ¿en qué puedo ayudarlo?¿Qué es lo que le preocupa? Responde al ruco: Es que después de alcanzarlas ya no me acuerdo para qué las quería.
Y el último:
-Una pareja de ancianitos recordaban sus buenos tiempos. Ella le dice: ¿Recuerdas cuando me tomabas de la mano? Y él la toma de la mano. Al rato: ¿Recuerdas cuando me besabas? Y le planta un sonoro beso. Ya algo picada, le dice: ¿Y recuerdas cuando me mordías los pechos? El viejito se levanta de prisa y ella le pregunta: Pero, ¿a dónde vas ahora? Y le contesta el vetarro: ¡Voy por mi dentadura postiza!
Déjolos con el refrán estilo Pegaso: «A la ancianidad, enfermedad infantil caracterizada por la aparición de pústulas en el rostro». (A la vejez, viruela).