Investigadores

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Por Pegaso

Reynosa, Tamaulipas.- Andaba yo volando allá, sobre el caluroso y nublado cielo de Reynosa, viendo cómo transcurre la vida y el tiempo, pensando que hace apenas unos meses andábamos comprando los regalos para la Navidad del 2018, luego nos fuimos a chapotear a La Playita, en Semana Santa, desfilamos con el Día del Trabajo, nos fuimos a vacacionar en verano, regresaron los huercos a clases y ahora estamos esperando la celebración del Grito de Independencia.
Pronto tendremos también el Halloween, el Día de Muertos, el desfile de la Revolución y nuevamente entraremos al período decembrino, pondremos el arbolito, colocaremos las luces de colores y le atizaremos macizo a los tamales, buñuelos y champurrado.
Ya instalado en mi búnker, viendo un programa de televisión chatarra, de esos que me divierten un chingo, salieron unos tipos que se dicen «investigadores de lo paranormal».
No sé hasta ahorita que exista una escuela que tenga esa especialidad: Licenciado en Investigación Paranormal.
Si uno de mis dos o tres lectores sabe de alguna, por favor páseme la referencia para ir a investigarlos personalmente.
Pero hay de investigadores a investigadores. Los chafas cazafantasmas que salen en la telera no tienen nada que ver con el Equipo de Investigaciones Especiales de Pegaso (EIEP), los cuales se capacitaron, salieron graduados y fueron condecorados por las más prestigiosas instituciones del mundo. También recibieron cursillos de Inteligencia del Ejército Israelí, de la KGB, de la Interpol, el M-16, la CIA, la DEA y el HEB.
Yo me divierto como enano con tales programas de «investigación».
Dos sujetos, vestidos de negro, o de ropa oscura, bien pertrechados con sus cámaras Kirlian, detectores de campos magnéticos, grabadoras, ultrasensibles, escáneres térmicos y sensores de movimiento, se adentran en un edificio en ruinas.
Mientras el camarógrafo graba, uno de los «cazafantasmas» empieza su narración, que consiste básicamente en cómo murió una persona en ese lugar, generalmente de manera trágica. Luego, entonces, concluyen que su espíritu debe andar errando por esos parajes, ya que con anterioridad recogieron algunos «testimonios» de los lugareños.
Cualquier ruido es grabado por el sofisticado equipo.
Luego de la incursión, se van a su estudio de edición y estudian cada segundo de la grabación, ya sea en audio digital o video, para ver si se escucha alguna voz, lamento o susurro. También verifican detalladamente cada cuadro de la filmación a fin de percibir alguna sombra o figura fantasmal.
Hay quienes, al no hallar nada interesante, le agregan digitalmente algo borroso, parecido a una figura humana para dar la impresión de que, efectivamente, un alma en pena anda vagando y fue grabada como «evidencia», para el consumo de un público ávido de cosas raras o extraordinarias.
Lamento decirles que todo eso es un vil engaño.
Hasta ahora, los investigadores serios no han podido hallar pruebas de la existencia de fantasmas, ovnis, hombres lobo, demonios o dioses.
Todo está en nuestra imaginación. El inconsciente colectivo nos juega a veces malas pasadas e imaginamos cosas en las que queremos creer.
Todos tenemos miedo, por ejemplo, de estar en una mansión abandonada por la noche, como a eso de la una o las dos de la madrugada, sin algo que nos ilumine. Se trata de una herencia de nuestros ancestros de las cavernas, quienes entraban a las oscuras cuevas y tenían temor porque no sabían cuándo les saltaría un tigre dientes de sable encima.
Yo les pongo un tache a esos investigadores engañabobos.
Eso sí, me gana la risa cuando muestran sus «evidencias» en programas que se transmiten en horario estelar para mantener a la raza mahuacatera bien entretenida, sin que puedan pensar en otras cosas verdaderamente importantes, como la inseguridad, la inflación y los impuestos.
Quédense con el refrán estilo Pegaso que a la letra dice: «Pretenden causarme una fuerte impresión mediante la esterilla del cadáver». (Me quieren asustar con el petate del muerto).