Expediente

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Azahel Jaramillo

Cd. Victoria, Tamaulipas.- Uno.-  Se acabaron las vacaciones. Se terminó el año, se terminó un ciclo y otro acaba de empezar. El veinte veinte; el 2020. Es tiempo de hacer las cuentas. De ver lo que tenemos, de valorar lo que hemos ganado en el ya viejo año 2019  y de lamentar lo que hemos perdido… Y hablo de lo ganado y lo perdido en todos los ámbitos: económico, material, emocional… de las personas amadas que se han ido de este mundo y de las personas amadas que hemos perdido por los pleitos, los desencuentros, los malos entendidos y el desamor. Claro a un buen de los lectores les sonríe la vida pues no han tenido ningún tipo de pérdidas. Excelente.   

Hoy es tiempo… de sentarnos un rato a reflexionar qué hemos hecho de nuestra vida. De ir buscando, de ir caminado por mejores caminos. Dicen los italianos que la vida comienza mañana. Vamos pues todos por mejores caminos, todos vamos en el mismo barco. Claro tampoco se trata de ser unos “santos” o unos dejados… a la gente tóxica, pues hay que ir dejándola a un lado. Y seguir adelante, procurando ser mejores personas: mejores estudiantes, mejores maestros, mejores esposos, mejores  padres, mejores hijos, mejores hermanos, mejores empleados, mejores jefes, mejores ciudadanos, mejores amigos. ¡Feliz 2020!, pero echándole ganas al trabajo, al estudio, a nuestra formación como personas y como familia ¿Qué no?

Son tiempos de meditar, de valorar, de hacer proyectos, de tejer sueños y de hacer planes. La vida comienza mañana. Además recordemos, tengamos muy presente que lo mejor de la vida es el aquí y el ahora. Vamos a impulsarnos con lo que tengamos, con lo que tenemos. Lo mejor que la vida nos regala es vivir, es disfrutar lo que tenemos, trabajar por lo que queremos… una camisa nueva, un carro, una casa, una profesión, una chamba, un viaje, un amor. ¡Que viva la vida!

Dos.- Parte de la vida, es la muerte. No estamos aquí para siempre. Un día de estos se acaba. En este martes hubimos de lamentar los periodistas victorenses, sobre todo los que de  plano integramos eso que llama la “vieja guardia”… la partida, el fallecimiento de Carlos Santamaría Ochoa, fotógrafo, periodista, profesor universitario.

Santamaría nunca se andaba con rodeos. Decía lo que pensaba, decía lo que sentía. Y hacer eso no siempre es cómodo para los que escuchan.

Recuerdo que un buen día -hace cosa de 12 años- el entonces jovenazo contador Jorge Luis Navarro, presidente del  IETAM, nos invitó a  reporteros platicar -almuerzo de por medio-, ahí estaba Carlos Santamaría. Había sido mi compañero en el desaparecido diario impreso La Verdad, había sido vicepresidente de la Asociación de Periodistas de Cultura donde yo formé parte, era un camarada. Al llegar yo al reservado del restaurante de la avenida Carrera Torres  lo vi y me dio gusto verlo… además he de contarles que por azahares del inche destino… había yo sido testigo presencial de un par de accidentes vehiculares que Santamaría tuvo en su vida.

 El primero ocurrió en pleno día, en ese sector que es la curva para llegar al Centro Universitario de la UAT, valga la rebuznancia. Manejaba Santamaría un vocho, era catedrático en Leyes, donde yo trabajaba… y volcó el vocho. Iba yo en mi carro subiendo la loma. Como pude me estacioné luego de pasar por el accidente. Me detuve, no hablé con él, pues vi que en ese momento llegaba al sitio  una ambulancia.

El otro accidente suyo que presencié, fue también de día. Fue en la Avenida 17 y Matamoros. Santamaría chocó el automóvil -ya más “nice” en que viajaba- contra otro vehículo. Ahí sí, bajé de mi carro. Y le dije: “Carlos, ¿en qué te puedo ayudar?” No porque sepa yo un carajo de mecánica, sino más bien por un raid, o una llamada. Me dijo: “No manito, gracias. Todo lo tengo bajo control”.

Entonces, cuando lo vi en la conferencia de prensa del presidente Jorge Luis Navarro pues me dio gusto y opté por sentarme a la mesa junto a él. Me arrepentí. Todos, creo yo, tenemos, nuestro “día de quejumbroso”, de que nada nos parece, de que de todo nos quejamos. Y ese justo día, yo, que soy tan tolerante, lo sufrí. Santamaría andaba en su día de quejumbroso. Y estaba yo ahí para escuchar sus quejas. De todo y contra todo. Y no había modo de cambiarme a otra silla. Los invitados de Navarro habían ya ocupado todas las sillas.  Ojala que  ahora que llegue al Cielo, donde estoy cierto que va a ir, Santamaría le dé al Creador todas las quejas que tenemos los que vivimos en Ciudad Victoria contra el alcalde zumbero este que, un mal día, inche día,  nos llegó de Torreón, Coahuila. ¿Qué no?.

azahel_jaramillo@hotmail.com