El pánico hunde unas Bolsas en caída libre: el Ibex se desploma un 14,06%

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Por Agencia.-
Hace tres semanas era una mera gripe, hace dos, el cisne negro de 2020, y ahora es un terremoto económico global de una magnitud impredecible. La Bolsa española sufre el coronavirus desde finales de febrero y cada capítulo de la lúgubre serie supera, por lo negativo, al anterior. Este jueves el Ibex registró el mayor hundimiento de su historia, un descenso del 14,06% que alimenta los peores temores. Desde la expansión de la epidemia por Europa, las 35 mayores empresas cotizadas en España han perdido casi 235.000 millones de euros que se han evaporado del parqué en 22 días.

La crisis del coronavirus va camino de convertirse en una sacudida feroz para los débiles cimientos en los que se asienta la economía global. La amenaza de una recesión es cada vez más plausible y los mercados (Bolsas, bonos, petróleo) prolongan un repliegue sin apenas precedentes. Los índices europeos fueron los que más sufrieron, pero tampoco se escapó Wall Street: ni el anuncio de medidas extraordinarias de liquidez (1,5 billones de dólares, que se dice pronto) de la Reserva Federal contuvo el mayor hachazo en más de tres décadas.

El 12 de marzo pasará al diván de las jornadas negras de la historia. No solo de la Bolsa española, que se dejó un 14,06%, el mayor batacazo de su historia. También fue un día aciago para las principales plazas europeas. Milán se dejó un 16,92% y Fráncfort, un 12,24%. Wall Street tampoco se salvó del incendio: el Dow Jones perdió un 9,99%, el S&P 500 un 9,51% y el Nasdaq un 9,43%

Hay una diferencia respecto a los desplomes de las últimas semanas: esta vez llueve sobre mojado, con valoraciones ya muy mermadas. Wall Street viene de sufrir el desplome más rápido de su historia desde máximos. Y en Europa los grandes índices ya pierden alrededor de un tercio de su valor desde que el virus pasó de amenaza de oriente a una realidad con la que el Viejo Continente tendrá que convivir meses. “Las llamadas al uso de política fiscal son continuas y, aunque hay muchas promesas, la cuantificación de las mismas y su aprobación son un proceso lento, de ahí la desconfianza y el miedo a que lleguen demasiado tarde”, explica Rosa Duce, economista jefa de Deutsche Bank España.

Si en 2008 la primera respuesta a la crisis financiera vino por el flanco monetario, la señal que mandaron este jueeves los mercados a Fráncfort es de total agotamiento de esa vía. No es la primera vez que eso sucede: la semana pasado, y tras un brevísimo alborozo inicial, la Bolsa de Nueva York pagó con la misma moneda la sorpresiva rebaja de tipos de interés de la Fed. “En este punto necesitas respuestas globales. Los bancos centrales ya han hecho todo lo que podían hacer. Lo alarmante es que las autoridades económicas europeas van con el mismo retraso que las sanitarias cuando estalló todo en China”, apunta el economista José Juan Ruiz. El choque es de tales dimensiones, agrega, que si no se reacciona puede haber un “colapso económico generalizado”.

La Fed de EE UU, como el Banco Central Europeo, da muestras de agotamiento en su munición, algo doblemente preocupante en unas circunstancias tan difíciles como las actuales. Y el miedo a una crisis de caballo, algo que nadie tenía en su hoja de ruta hace dos semanas, ha terminado por echar raíces en los mercados. El BCE anunció su paquete de medidas: más compras de deuda y una inyección de liquidez, con los tipos de interés intactos. Un contrataque con el que no solo no consiguió darle la vuelta al partido, sino que empeoró las cosas. La respuesta de los inversores fue una bofetada en forma de caídas salvajes. “La decisión del BCE no ha sentado nada bien a los mercados, que esperaban mucho más”, asegura Duce.

La receta de Lagarde cayó como un jarro de agua fría en los parqués: las medidas convencionales no bastarán en esta ocasión y la única salida posible pasa, como subrayan media docena de economistas consultados, por ampliar el menú y aplicar un potente plan de choque fiscal coordinado. De no hacerlo, el riesgo es máximo: el mundo se expone a una depresión económica de gran magnitud, un escenario para nada descartable a estas alturas del partido.

EE UU y la UE están ante un cruce de caminos en el que solo uno es válido: mientras enfrentan la crisis sanitaria tendrán que poner mucha, mucha carne en el asador en las próximas semanas si quieren revertir una tendencia que empieza a recordar a los episodios más oscuros de la historia económica contemporánea. Y tendrán que hacerlo de forma conjunta. “Es tiempo de ir directo, al grano”, titulaba este jueves el último y muy elocuente estudio de Blackrock, el mayor fondo de inversión del planeta: “La única forma de encarar esta situación es añadir nuevas líneas de defensa y hacer de la política fiscal una parte explícita de la respuesta”. Si los mercados sirven de termómetro, solo cabe una conclusión: no hay tiempo que perder.

Las cuantiosas pérdidas cosechadas en las últimas sesiones habían elevado también la presión sobre los reguladores para que lancen medidas extraordinarias. Por ejemplo, la prohibición de las ventas a corto —apuestas bajistas mediante la técnica de pedir prestadas acciones de una compañía a cambio de una comisión y por un plazo determinado— para atajar la sangría. Ya se hizo en 2011 y 2012, en plena crisis europea. La Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) española dio su brazo a torcer a última hora de la noche, prohibiendo las posiciones cortas este viernes sobre 69 valores que han sufrido retrocesos superiores al 10% en la sesión del jueves. Esta decisión afecta a 32 de las 35 empresas del Ibex. Poco antes, un portavoz del organismo consultado por EL PAÍS afirmaba que era “una medida excepcional” que “en ese momento no estaba planteada”. “Si se hiciera”, decía, “debería estar coordinada en el ámbito europeo”, informa Íñigo de Barrón.

Con las Bolsas en pánico, “las acciones se venden en Europa a niveles que sugieren una recesión”, sostienen desde Barclays. Esa palabra, recesión, se ha convertido ya en una muletilla habitual para las casas de análisis. Demasiado. Mientras, el suelo de los mercados sigue lejano: “Los mercados se mantendrán agitados durante las próximas semanas y los valores europeos podrían caer aún un 10% más”, añaden los técnicos del banco británico. Esto es, como subraya el economista José Carlos Díez parafraseando al profesor de Yale Gary Gorton, “una auténtica corrida, en vez de depósitos, de mercados”.
El petróleo sufre el golpe de las prohibiciones de vuelos

Las Bolsas y el petróleo llevan días retroalimentándose, en un círculo vicioso del que no se atisba un final. Este jueves la historia no es distinta: tras varias jornadas en las que la oferta ―ingente en una guerra de precios lanzada por el segundo máximo productor mundial, Arabia Saudí, tras su ruptura con el tercero, Rusia― prevalecía como factor de preocupación, ahora la demanda ha tomado el relevo. La prohibición de Washington sobre los vuelos con origen en Europa para tratar de frenar la expansión del virus supone un severo revés sobre las perspectivas de consumo global.

Sin soporte alguno ―demanda cayendo en picado, oferta no controlada por el antaño dominante cartel de la OPEP y Moscú, este jueves sobrepasado por los bombeos estadounidenses―, todo queda al albur del mercado, como recuerda Norbert Rücker, del banco suizo Julius Baer. Y eso solo puede significar una cosa: una depresión aún mayor de los precios. “Estarán en el entorno de los 30 dólares antes de que puedan entrar en una fase de lenta recuperación a mediados de año. Los temblores resonarán aún durante tiempo”, sentencia. En solo una semana el crudo ha perdido casi la cuarta parte de su valor. Este jueves el barril brent, el de referencia en Europa, se intercambia por unos 33 dólares (un 8% menos que la jornada anterior), muy cerca de los 30 dólares a los que alude Rücker.

La respuesta de los países productores es pisar el acelerador de la oferta en una estrategia contraria a lo que dicta la intuición para hacer frente a una demanda deprimida: en el pasado, cuando la economía echaba el freno y arrastraba consigo a la demanda, los productores tendían a restringir el grifo de la oferta para tratar de nivelar el mercado y ofrecer un apoyo a los precios. Hoy, la estrategia a seguir está siendo exactamente la contraria: Riad está ofreciendo su petróleo en Europa ―un mercado tradicionalmente abonado para el crudo ruso― e incluso en EE UU ―ya inundado por el fracking―: según los datos de Bloomberg, petroleras europeas como Repsol, Cepsa, Total o Royal Dutch Shell están recibiendo petróleo saudí desde hace días a precios de derribo.

La inestabilidad económica y el temor de los mercados se deja sentir asimismo en los bonos de los Estados a 10 años. La prima de riesgo española (diferencial con el bono alemán, el considerado más seguro) ha subido con fuerza hasta los 122 puntos básicos, 26 puntos más que este miércoles. Esto se explica por el empeoramiento del bono español (escala hasta el 0,5%%) y por la resistencia del bund alemán en el -0,74%. El bono alemán a 10 años es, junto con el papel estadounidense y el yen, el único refugio posible en la tormenta.