PRI, la traición ideológica

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Max Ávila

Cd. Victoria, Tamaulipas.- El dirigente tricolor Alejandro Moreno Cárdenas, (mejor conocido como “Alito”), asegura que a MORENA se le puede derrotar con estrategia e inteligencia.

Se refiere por supuesto, al proceso electoral del próximo año donde como sabéis, se renovarán gubernaturas en 15 estados, así como la diputación federal, 1926 ayuntamientos y juntas municipales, además  de 30 congresos locales.

“Estrategia e inteligencia”, dice el gobernador con licencia de Campeche, lo cual tendría que aplicar en primer término en su tierra, donde enfila al triunfo y con mucho, el partido de AMLO.

Pue-que el joven político tenga razón, aunque olvida lo más importante, es decir, recuperar la confianza ciudadana, después de que algunos de los militantes más importantes del PRI están considerados campeones de la corrupción.

Para empezar, el tricolor tendría que desligarse de Enrique Peña Nieto y de toda la banda que le acompañó en la tarea de saquear al país.

Y no solo eso, sino condenar a los regímenes neoliberales que propiciaron la pobreza del 70 por ciento de la población, favoreciendo el brutal enriquecimiento de quienes vieron a la república como el mejor de sus negocios particulares.

Y aquí “Alito” tendría que hacer cuentas desde Salinas de Gortari hasta EPN, incluida desde luego, “la docena trágica” panista, conformada por Fox y Calderón.

Se trata de honestidad para reconocer que la tragedia nacional se debe a la inmoralidad de una generación que obtuvo fortunas incalculables, a la sombra del poder.

Claro que el dirigente priista no hará nada de eso, porque sería como dar el tiro de gracia a su moribundo partido; prefiere llevársela con discursos ridículos e hilarantes proclamas originadas desde la mera cueva de Ali-Babá, sea desde donde surgió la poderosa clase de ladrones sexenales.

Si en verdad fuera inteligente, “Alito” se agregaría al combate contra la inmoralidad encabezado por AMLO y no buscaría alianzas anti naturas que llevan a confirmar que desde hace tiempo, el PRI se convirtió a la derecha, traicionando los estatutos y principios que originaron su creación.

En definitiva, el tricolor está alineado al conservadurismo. Y ni modo que sea invento cuando está decidido a participar con el PAN en candidaturas comunes en diversos estados.

Usted dirá que esto no será garantía de triunfos, y está en lo cierto, porque la mayoría mexica repudia a la minoría rapaz que a su antojo dispuso de la riqueza nacional. Peor que la monarquía más voraz.

Y vea que la historia de nuestro país conserva algunos ejemplos de los más grotescos, como “el imperio” de Agustín de Iturbide que la escritora Rosa Beltrán llama “La corte de los ilusos”, novela del mismo nombre donde ridiculiza los protocolos y el comportamiento de la “familia real” y su séquito.

Especialmente de “la princesa” Nicolasa, la hermana chimuela, enloquecida por razón natural, y afiebrada por el amor imposible de Antonio López de Santa Anna, el joven y brillante militar que literalmente la dejara vestida y alborotada, tras cumplir el objetivo de servir de instrumento para intimar con Agustín Primero.

Esta Nicolasa cleptómana y ninfómana que disfrutaba robando tenedores, cuchillos, cucharas, (y todo lo que pudiera esconder en su ancha y escandalosa vestimenta),  de los incontables saraos que distinguía con su presencia.

La misma que fue flechada por López de Santa Anna, (posterior “alteza serenísima”), en la ceremonia de coronación de Agustín en la catedral, justo cuando el atrevido galán se aprestó a destrabar el lujoso traje de la princesa, atorado en un clavo mal colocado.

Don Antonio que fue parte del contingente que acompañó a Agustín quien ya ungido “emperador”, ordenó desviar el desfile para pasar por la casa de “La Güera” Rodríguez, su amante en turno, abandonando a su esposa Ana María, quien embarazada debió caminar varias calles hasta su palacio en Plateros, entre lodos, basura, orines y desechos intestinales que a falta de drenaje, caían de las azoteas, sin respeto ni cuidado alguno.

¡Ay, Agustín!, que el 19 de julio de 1824 haz de ser pasado por las armas nacionales, en Padilla, cumpliendo el ordenamiento del congreso federal que te declaró traidor a la patria.

Y de tu muerte  pronto harán 196 años.

Alguien te había dicho que los conservadores te esperaban con los brazos abiertos para reinstalar el imperio, pero topaste con la diputación tamaulipeca que ratificó la sentencia de ser fusilado en cualquier parte del territorio donde aparecieras.

Tocó a Tamaulipas, y pa’ mucho orgullo.

Alegraos Agustín porque cual destacado caballero guadalupano, tus restos descansan desde 1838 en la capilla de san Felipe Neri de la catedral metropolitana, por órdenes de tu admirador Anastasio Bustamante, presidente de ese tiempo y donador de su corazón para servirte de compañía en tu soledad eterna.

¡Qué historias!.

                              LA ABSURDA DESESPERACIÓN                         

El asunto es que el PRI, siendo un partido del centro, se inclina hacia la derecha y por lo tanto, engrosa las filas conservadoras incluyéndose en el concepto juarista en sentido de “el triunfo de la reacción es moralmente imposible”.

Se entiende que esto de aliarse con el enemigo histórico, es una acción desesperada aunque insuficiente, para evitar la derrota en el 21, en los gobiernos estatales que conserva, a saber: Colima, Campeche, Guerrero, SLP, Sinaloa, Sonora, Tlaxcala y Zacatecas.

Y deje que el coraje será “pior” porque MORENA se perfila como ganador casi absoluto de las 15 gubernaturas en juego, excepto Querétaro que conservaría el PAN, partido que perdería BC sur, Chihuahua y Nayarit.

Aturdido, arrinconado, desprestigiado y con escasa y temerosa militancia, el PRI no encuentra más opción que jugarse la última carta al lado del PAN, creado como contrapeso de las reformas post revolucionarias, que bosquejaban las instituciones que tanto presumieron los próceres de entonces, y quienes hubieron de colocar sus posaderas en la silla presidencial hasta el 2018.

Ahora sabemos que no fue coincidencia el arribo del PRI y PAN a Palacio Nacional, o a Los Pinos, mejor dicho, porque contienen intereses similares en la forma y manera de explotar y aprovechar el poder.

Tarde intentan el rescate imposible.

Y es que la sociedad ni perdona ni olvida, por el contrario, es la única donde la venganza política se justifica, y el ajusticiamiento masivo se admite sin excusa ni pretexto.

Hacer justicia por propia mano con el arma de mayor calibre, es decir, el voto popular de aplicación efectiva e inmediata.

Por esta prueba nacional pasaron PRI y PAN y fueron reprobados, sin esperanza de otra oportunidad porque ha sido demasiada la ofensa…y ya sabemos que con la dignidad social no se juega.

Al quedar atascado en el laberinto de la corrupción, el PRI perdió la capacidad de reinventarse…apostó a la soberbia y es el gran pecado que lo conduce a la desaparición.

Que alguien diga si estrategia e inteligencia caben en un partido que dañado de origen, apenas sobrevive a su enfermedad terminal…y de poco o nada le servirá el PAN que enfrenta su especial problemática.

SUCEDE QUE

Muchas amas de casa e igual precoces jovencitas y solteronas de antigua generación, están en un dilema cuando idealizan dos amores platónicos: el del doctor López-Gatell provocador de húmedos sueños en el obligado encierro, y ahora el de Omar García Harfuch, sobreviviente de increíble pesadilla urbana.

Ambos héroes de circunstancias diferentes, ambos inalcanzables por obvias y sobradas razones…ambos estrellas mediáticas por méritos propios.

Y hasta la próxima.